Ian's profileNABOURIAN EL ARGONAUTAPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
EXPECTATIVAS, OCÉANOS DE TIEMPOAquello que no será y que un día creímos que sería posible supone apenas una gota de agua en este océano de tiempo que son nuestros sentimientos. Pero cada gota contiene en su interior la voluntad de ser un océano en sí misma, y por tanto ese instante que parece perdido fue en su momento el centro de nuestro universo. Quizás cada gota que compone nuestro océano emocional no sea más que uno de esos momentos repletos de expectativas que se van perdiendo a cada instante. Quizás nos alimentemos de esos deseos que resultaron ser irrealizables, quizás sean éstos los que nos impulsan a buscar, y a no cejar… Somos seres emocionales, y es el amor el que mueve biológicamente el mundo, el que nos hace seguir, el que nos ha llevado como especie hasta este preciso instante, en el que a pesar de todo, sentimos como nunca que somos pequeños y frágiles. La evolución no sólo depende de la competitividad, también de la emoción, pues es esta la que al final nos motiva a querer seguir existiendo como individuos. Navegamos en mitad de un océano tumultuoso propulsados por el viento de nuestros deseos más inconfesables. El viaje en solitario nos lleva a multitud de islas felices en las que recalamos en busca de compañía que mitigue por un momento la soledad del viaje. Lo que nos mueve a buscar dicha compañía son nuestras expectativas y no la razón ¿Son nuestras expectativas como el canto de las sirenas que moran en esas islas, y que nos atrapan en un mundo irrealmente maravilloso? ¿Al final resultan ser irreales porque despertamos antes de hora, o, porque nos empeñamos en seguir soñando sin voluntad de vivir la realidad? Al final poco importa cual sea la respuesta pues las expectativas son proyectos de sueños, y los sueños, sueños son…
Dedicado a todo aquel que alguna vez puso expectativas en mí. Éstas no fallaron, vuestra intuición no falló, ni siquiera yo fallé. Tan sólo compartimos un momento en una de tantas islas felices que emergen de ese océano de tiempo que es la vida. Pensad que nos enriquecimos y aprendimos y que el verdadero aprendizaje se gesta en esos instantes que parecen olvidados pero que nos marcaron y nos han hecho ser lo que somos. Alicia, el conejo y la madriguera.A quien sepa leerlo, a quien sepa interpretarlo, a quien sea lo suficientemente sagaz para verse identificado hasta el punto de hacer autocrítica. No apostaría ni un céntimo a favor de ello, en cambio, daría hasta mi vida porque fuerais una mayoría los que os vierais reflejados en estas palabras. ¿Podéis recordar aquellos años en que teniendo un simple cómic lo teníais todo? ¿Los tiempos en que casi nada lo era todo y aun era posible construir castillos en el aire? ¿Dónde se fueron las ganas de escaparse, de escurrirse por la madriguera de Alicia? ¿Qué fue del conejo que nos tentaba a convertir en un siglo aquellas tardes de verano? No hacía falta gran cosa ni decir grandes frases y en cambio hacíamos malabares con las palabras entrecortadas que salían de un limitado vocabulario. Entonces, cuando llorábamos lo hacíamos a solas y en silencio por cosas que merecían la pena, y nuestras lágrimas eran poesía, y de ese imposible que las ocasionaba hacíamos una bandera pirata con la que coronar nuestra rebeldía. También existía el pequeño estúpido que creía saberlo todo (curiosamente sigue siendo el mismo estúpido hinchado por la edad), el toca pelotas de turno que decía que eras peor por no ser “guay”, por no ser “normal”, por no querer hacer las mismas idioteces que su padre (seguramente idiota como él) le había inculcado. Pero querido imbécil, no habrás siquiera llegado a la segunda línea, así que no tendré que preocuparme por lo que pienses. Seguramente habrás pensado que era un cretino nada más llegar a la tercera palabra. Espero seguir siendo un cretino hasta el fin de mis días. Te confieso, querido imbécil, que siempre nos reímos de ti en silencio. Entonces todo era más difícil que fácil, el mundo era muy, muy grande, y nosotros, nosotros tan pequeños… Pero en nuestra pequeñez todo era posible, todo estaba por construir. Nos atrevíamos a medir lo inmedible, porque los que ponen los límites aun no podían acceder a nosotros, aunque intentaran llegar a nuestras mentes a través de los mediocres profesores, fieles sirvientes de verdades de saldo. Pero sucedió que llegó la pubertad y con ella la tontería, el inicio del coma profundo en que ahora estamos sumidos. El sexo por el sexo como anestesia, el culto al cuerpo y a la inteligencia bacía y burda. Ahora que la madriguera de Alicia parece enterrada bajo toneladas de escombros y que el conejo ya no puede salir para charlar con nosotros en nuestras noches interminables, ¿qué será de nosotros? Ahora que tenemos un buen trabajo y dinero para gastar y montamos castillos de naipes en el aire, ahora que parecemos tenerlo todo, ¿Por qué día tras día, cuando nos permitimos quedarnos solos con nosotros mismos, nos parece que nada de eso nos llena? He de confesar que hecho muchísimo de menos eso que ahora creemos que era nada, encuentro a faltar a ese conejo y su caos, el vértigo que sentía al mirar hacia el futuro. Hecho de menos esa sensación de ser un extraño entre la multitud e incluso hecho de menos al imbécil toca pelotas del que me solía esconder pero que sin él saberlo me hizo más fuerte y humano. Pero este no es un escrito lastimoso, ni una oda a la niñez perdida. El que puede leer y trasladarse al pasado no hace más que retirar las toneladas de escombros y reabrir la madriguera, por la que de nuevo aparece sonriente nuestro viejo amigo el conejo. Con él no salen sólo recuerdos sino una fuerza renovada que nos otorga el poder de aquel pequeño pirata inconformista que siempre nos acompañará durante nuestro infinito viaje a través del mar de los tumultos.
EL MUNDO EN LA PALMA DE NUESTRAS MANOSEl mundo ha cambiado mucho en muy pocos años, se ha hecho pequeño y casi podemos albergarlo en la palma de la mano. Esta mañana estaba sentado en una terraza del viccolo del Moro en Roma y por la noche estaba cenando en un pequeño restaurant de Barcelona. Que cerca está todo cuando existe la voluntad de estar y que lejos estamos los unos de los otros aun viviendo en la misma casa. Qué cerca están los paraísos del placer y que lejos están las crisis humanitarias, las guerras… Después del hedonismo, después de haber disfrutado con todos mis sentidos, de haber sido feliz sencillamente paseando por las calles de Roma, no puedo más que acordarme de esos otros, de los que tengo al lado pero aparecen como invisibles ante mis ojos, de esos paraísos oscurecidos por la guerra que están a unas pocas horas de avión pero que parecen estar en otro planeta o en otra dimensión. Me viene a la cabeza la relatividad interesada del tiempo en la que lo cercano y lo lejano, el pronto y el tarde, el hoy y el mañana pierden sentido. Ayer miraba el Tíber y paseaba por Tratevere y hoy miro el Segre y paseo por la Zona Alta. Pocas horas separan una imagen de la otra y sólo la geografía urbana pone la diferencia. Ambos puntos viven en paz, sí, pero en su interior ambas albergan la injusticia. Soy perfectamente consciente de lo fácil y cursi que sonará lo que a continuación diré, pero de esa sensación de absoluto vacío que a veces nos abraza, del olvido de esos paraísos cercanos, de la ceguera que nos impide ver cuanto sucede a nuestro alrededor, sólo puede salvarnos el amor en toda su plenitud. El amor a nosotros mismos, sobre todo a nuestros defectos, el amor a los que conocemos y ansiamos su compañía, pero también el amor a los desconocidos, pues todos en el fondo hemos sido alguna vez desconocidos ¿y, quién sabe si mañana cualquiera de ellos podría ser la persona más importante en nuestra vida?
|
|
|