Ian's profileNABOURIAN EL ARGONAUTAPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
YO TENÍA UN BARCO PIRATA QUE CABÍA EN MI MANO...Yo tenía un barco pirata que cabía en mi mano. Tenía una gata en lugar de un loro y un bolígrafo que hacía la vez de garfio. Navegaba por ese basto océano, perdido entre las líneas que conformaban las páginas de mi diario. Buscaba la verdad que atesoraban las palabras, buscaba tierras lejanas, monstruos de dos cabezas, cíclopes… Con él me dirigí a Troya, sitiada, dónde conocí a Ulises. Con él, lejos de conquistar, me dejé conquistar por las maravillas del mundo. A él me rendí y le consagré mi vida. Atravesaba el tiempo y hacía del pasado y el futuro un presente. Busqué al capitán Nemo y cuando lo encontré me uní a su causa perdida. Junto a él arrié mi bandera y descubrí que las batallas siempre están perdidas de antemano, pero que sin ellas nada seríamos. Navegaba domando las olas, siguiendo los vientos alisios. Vencí cientos de tormentas y circunnavegué el globo antes de que el resto de los mortales pudieran siquiera soñarlo. He atravesado océanos de tiempo hasta llegar aquí, y volvería a atravesarlos hasta encontrarme en este aquí y ahora. ¿Me preguntas si mereció la pena? Realmente sí, valió la pena descubrir la soberbia y el miedo, la grandeza que se esconde tras las tristes apariencias. Mereció la pena ganar el amor para después perderlo. Tantos y tantos paisajes vividos, y los atardeceres en cubierta. Merecieron la pena las derrotas y las victorias. Gracias a ellas amo al miedo tanto como a la valentía. Gracias a ellas he ganado la paz. Sí, camarada, a pesar de todo, aquí estoy en la cubierta de un viejo barco pirata que podría caber en una de tus manos.
LA SAL DE LA VIDALa sal de la vida, omnipresente, imprescindible. Cristales transparentes, pequeños en sí mismos, pero sin ellos estaríamos condenados a la extinción. Hoy tan presente, tan fácil de conseguir, pero olvidamos que no hace tanto tiempo era un objeto precioso. ¿Cómo algo tan diminuto puede ser tan importante? Son como una cantidad ingente de estrellas diseminadas por el océano que nos recuerda que incluso lo más insignificante puede ser portador de vida.
LOS GUERREROSViejas batallas resuenan en nuestra memoria. Por cada hombre que yace, hay diez que le siguen. Uno a uno van cayendo, como si de fichas de dominó se trataran. Pero siempre existe, en esa incesante caída, “piezas” que se resisten a formar parte del alienante juego de la guerra. Siempre existieron y existirán guerreros por la paz que en silencio lucharán por la libertad, para que un día dejemos de ser fichas movidas por jugadores sin consciencia.
LA PIEDRA FILOSOFALDurante mucho tiempo simpaticé con la filosofía budista, me sumergí en su teoría, intenté estudiar con más o menos profundidad sus fundamentos e incluso intenté hacerlos míos. Con el tiempo me he dado cuenta de que si bien es la filosofía más conectada con la fuente de la vida, tampoco es por sí sola lo bastante consistente para encontrar las respuestas que yo busco. Sin embargo, existe un principio inherente al budismo que creo que sí constituye la piedra angular de la vida misma. Existe un “nexo”, un elemento que despierta en las personas una conciencia que los aleja de esa sensación tan culturalmente arraigada de lo efímero. La cultura occidental está impregnada por el materialismo científico que acota nuestro período de vida, apenas unos ochenta años en el que nacemos, crecemos, aprendemos, competimos, nos situamos socialmente desarrollando una carrera profesional, nos enamoramos y acabamos formando una familia en la que procreamos, siendo este el mejor de los premios que nos puede otorgar la vida. Sin embargo, al final de todo este proceso bien acotado lo que nos espera es la decadencia que permite abrir paso a nuevas generaciones que volverán a completar ese círculo cerrado. A lo largo de todos esos años, si algo hace soportable ese vacío que supone la conciencia de nuestra finitud es la idea del amor romántico: esa sensación de que todo se puede, de que se trasciende a la misma idea de la muerte. Pero por esta misma idea de fin irreversible, le pedimos más y más a la vida y por supuesto, al amor. Nada nos colma durante mucho tiempo y siempre estamos abocados a buscar el más allá. Sí, supongo que no se trata sólo de un mal occidental, a cualquier persona sea de dónde sea, le cuesta vivir el instante presente sin que su mente se vaya hacia otras sensaciones o lugares. De ahí que el budismo fuera la primera filosofía que intenta buscar respuestas que permitan al individuo vivir y aceptar sus momentos, liberándolo del sufrimiento. La respuesta, cómo no, estaba en el amor, en la compasión que se experimentaba cuando despertabas esa consciencia dormida. Personalmente, creo en la existencia de esa consciencia dormida que llevamos dentro y que está a la espera de ser despertada. Durante la edad media, los alquimistas intentaron por todos los medios hallar la piedra filosofal que permitiera trasmutar metales pobres en oro, y por tanto el cuerpo mortal en inmortal. Para mí, la piedra filosofal no es más que ese “nexo” esa “sustancia” capaz de hacer nacer esa compasión que tenemos aprisionada y que de tanto en tanto surge de manera efímera, haciéndonos intuir que existe algo que trasciende a todos nuestros miedos. Yo creo que existe una forma de liberarnos de ese sentimiento arraigado de finitud, y que sin perder de vista que nuestro destino final es pasar, nos permita vivir las sensaciones del momento sin ansiar más. Ese “nexo” sin duda es el amor. Pero siendo el amor esa sensación que nos sostiene, que nos permite hacer más llevadera nuestra conciencia de extinción, también constituye un peligro, pues como buena adicción tiene sus efectos secundarios. El amor también es posesión, celos, envidia, miedo… El amor debe de ser muy poderoso cuando por temor a un Dios que nos ama se construyeron catedrales. ¿Qué es el Tag Mahal sino un monumento al amor, al vacío que creó en alguien su pérdida? ¿Y qué es el amor sino la sublimación de ese sentimiento de pertenencia a un lugar, una vivencia, un tiempo efímero que sabemos qué pasará y qué querríamos eternizar? Sí, el amor es esa voluntad de hacer eterno nuestro paso por la tierra, de dejar huella. Es por amor a nuestra propia vida que buscamos compartirlo con otros, es por temor al olvido que implica la conciencia de sabernos mortales, que necesitamos hacer fluir la compasión que llevamos dentro, porque es en ese precioso instante en que logramos vencer todas las barreras y dejamos surgir el amor, la comprensión, que sabemos que formamos parte de algo más grande que nosotros y qué trasciende a toda comprensión. Tal es la fuerza del amor, nos embriaga, nos abraza con su aroma único y nos brinda la oportunidad de sentirnos inmortales. |
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