Ian's profileNABOURIAN EL ARGONAUTAPhotosBlogListsMore Tools Help

Blog


    AMORES VIVIDOS QUE DEJAN HUELLA

     
     

    Este viejo tronco representa una instantánea de un amor que un día fue y quizás ya no sea. Su huella, algo desgastada por el tiempo, nos habla del rastro que los amores vividos han dejado en nuestra vida, de momentos inolvidables y de desdichas, de amores correspondidos y de amores platónicos.  Ese corazón  palpita  y nos recuerda que aunque mucho se nos ha tomado, mucho queda. Nos sugiere que a pesar de todo nunca cejaremos en la voluntad de amar.

     

     

    Todos somos Bobo...

     

    Cierta vez, no hace tanto, dije que observar a los primates me acercaba más al ser humano. A día de hoy, cuando hace muy pocos días que he vuelto al foso de los macacos,  me viene el recuerdo de una historia que no hace mucho tiempo me contaron sobre una familia de pequeños macacos de la India, y que tiempo después pude ver en un reportaje televisivo. Se trataba de ese nuevo tipo de documental que aúna el estricto punto de vista antropológico con la ficción cinematográfica. En él, la hermana del protagonista, un monito llamado Bobo, cuenta la historia de éste desde que nació.

    Los dos hermanos nacen en el seno de un grupo tribal que dominan el territorio de una de tantas montañas sagradas de la India en el que, como en todo grupo tribal, existe un macho dominante que no deja lugar a otros machos. Bobo no esperó a ser adulto para descubrir la crueldad de la exclusión. Decidió marchar de su entorno seguro para descubrir la inmensidad de un mundo que lo esperaba más allá de sus montañas sagradas. Al principio la vida le era completamente nueva, hostil, pero increíblemente interesante. Tuvo que acercarse a muchos peligros para aprender, y fueron muchas las veces que lo rechazaron, pero también fueron muchas las ocasiones en que entabló amistad con otros auto excluidos. El tiempo fue pasando y Bobo fue haciéndose mayor. En uno de los tantos grupos que conoció durante su adolescencia murió el cabecilla de la tribu y Bobo se erigió como el nuevo jefe tribal sin necesidad de enfrentamientos. Durante más de quince años ningún joven macaco puso en tela de juicio su liderazgo, pero Bobo sentía en su interior una llamada repetida que le empujaba a retornar al punto de origen. Así pues, marchó tal y como llegó hacía quince años, en silencio, sin ocasionar ninguna guerra por su sucesión,. Su cuerpo estaba cansado, pero tras varias semanas recorriendo la sabana india llegó a su viejo hogar. Todos se preguntaron quien sería ese viejo macaco y que intenciones traería, pero sólo su hermana lo reconoció. Sin embargo, viéndolo tan taciturno e introspectivo, no se atrevió a dirigirle la palabra. Pasados diez días, la macaca decidió acercarse a la inhóspita cueva que dominaba la cima de la montaña. Llamó repetidas veces a su hermano, pero éste no respondió. Intrigada, entró en la cueva dispuesta a hablar directamente y sin miedos. Encontró al viejo macaco extendido en el suelo y lo tocó dispuesta a despertarlo, primero con suavidad, pero al ver que no respondía, se sentó a su lado y lo observó durante unos minutos. Por fin entendió lo que sucedía: Bobo había vuelto a su hogar para pasar los últimos momentos que le restaban de vida.

    En esta historia, que no deja de ser una fábula, no puedo evitar ver reflejada nuestra propia realidad. La vida humana quizás no sea tan dura ni se vea sometida a un liderazgo tan excluyente como el de los macacos, pero en cambio si es cierto que al igual que sucede en su sociedad, la mayoría se suelen quedar en el entorno que los ha visto nacer y con las respuestas que les han sido diseñadas y predigeridas. Sólo unos pocos se aventuran más allá de la respuesta segura para dirigirse a un universo lleno de preguntas. Sin embargo, incluso aquellos que hemos decidido aventurarnos en esa odisea, tenemos al final la sensación de querer volver al punto de origen, y tal y como le sucediera a Dorothy en el país de Oz, acabamos pensando que no hay nada mejor que el hogar. Así pues ¿no somos todos cómo Bobo?


    NUESTROS TIEMPOS

    Transcurren los días, los meses, los años, y en estos tiempos en los que la física duda de la existencia del tiempo, nos damos más prisas de las que nunca tuvimos, quizás por miedo a perder ese tiempo inexistente. En estos tiempos de cambio en los que realmente nada ha cambiado, la mentira se disfraza de realidad para vendernos productos caducados como si acabaran de salir de fábrica. En estos días de sueños vendidos, de esperanzas inquietas la voz de un solo mentiroso puede más que el trabajo silencioso de millones de piadosos. Ahora más que nunca, Goebels no ha muerto, quizás su venganza haya sido reencarnarse en los pensamientos de una masa sin rumbo.

    En estos tiempos de cambio sin cambio, la estupidez campa a sus anchas con total desvergüenza, acreditándose a cara descubierta en el congreso de la vida, dónde se corea sin ningún complejo con verdades profundas, intentando incluso desacreditarlas para poder substituirlas por el pensamiento nulo. El dogma del ignorante es el más peligroso, puesto que en su falta de complejo y desvergüenza es capaz de llegar a conquistar cotas que la razón jamás alcanzaría.

                La  muerte repentina de la guerra fría nos dejó huérfanos de la contradicción. El temor, sin saberlo, nos protegía de la destrucción total; y ahora que estamos libres de titanes enfrentados, ahora que podríamos ser libres para fijar nuestro rumbo, nos invade la parálisis de ideas. En estos tiempos, la ciencia tiene que abrirse paso a machetazos a través de la insondable maleza de la superstición, y para muchos es más importante un dios invisible que su vecino tangible, a quien destruye por temor a ser contradicho.

                Pasan los días, los meses y los años, y en el mercado del mundo abundan los usureros que venden Euros a noventa céntimos, y más que nunca se multiplican los curanderos que prometen soluciones milagrosas a los males del mundo. En estos días en que la ciudad nos atrapa y anula, en que al mestizaje sano de todos los tiempos  se le llama interculturalidad, todo el mundo habla lenguas comunes pero nadie se escucha.

                En estos tiempos de cambios climáticos, de polos que se deshacen arrojando el agua vital a la mar salada y en los que una gran parte de la humanidad carece de esa misma agua para poder sobrevivir, la contradicción y el caos en que estamos sumidos provocará que unos mueran por su falta y otros perezcan en ciudades costeras, anegados por la subida del nivel de las aguas. “Y... ¿Qué será de mí, Venecia, cuando tú no estés...?” Te ignorarán y en todo caso, generaciones futuras visitarán tus ruinas que quedarán como ejemplo de lo que fueron mil años de gloria. Mas no creo que yazcas como ejemplo de lo que no se ha de hacer. Hoy visitamos las ruinas clásicas esparcidas por doquier y no pensamos en lo que ocasionó su destrucción, ¿por qué habría de cambiar la cosa? Vamos a la deriva  como un iceberg perdido entre los trópicos de cáncer y capricornio.

                En estos tiempos de mentiras y medias verdades, de usureros y embaucadores, de mercaderes que prostituyen la verdad, de guerras fraticidas y religiones ciegas, de catástrofes propiciadas por el cambio climático, de poetas muertos y en dónde el teatro ya no se representa en los locales sino que ha salido a la calle, en que la pseudo vida ha substituido a la VIDA. En estos tiempos, érase una vez el hombre, que vino, estuvo y se fue. Aquí yace su tumba sin más epitafio que su huella fosilizada en las arenas baldías del desierto que hoy es y que mañana con toda seguridad volverá a florecer y en dónde quizás, sólo quizás, vuelva a caminar un nuevo hombre...
     
     

    UN ATOLÓN LLAMADO DESIDIA

     

    Existen momentos en que nos vemos empujados a tomar decisiones difíciles y costosas sentimentalmente hablando, pues suponen tomar un rumbo diferente al que habíamos seguido hasta ese momento. Al ser humano se le hace difícil introducir cambios, incluso viviendo situaciones que lo hacen infeliz.

    La casi totalidad de las especies están circunscritas a un nicho ecológico, relacionado con la climatología y su capacidad para sobrevivir, y difícilmente pueden pervivir en otro ecosistema sin extinguirse. Sólo el ser humano ha sido capaz de conquistar para sí territorios que le son hostiles, desde los desiertos yermos hasta los hielos perpetuos del ártico. De la misma forma, nosotros somos los únicos seres sobre la capa de la tierra que podemos adaptarnos a situaciones emocional y psicológicamente adversas. Igual que vivimos la felicidad podemos acostumbrarnos a convivir durante años con la infelicidad, la desmotivación y la desidia sin hacer absolutamente nada, tan sólo porque el hecho de plantearnos arriar nuestras velas y tomar nuevos rumbos nos acongoja y ancla  al arrecife de la costumbre arraigada. Son miles los mares que nos rodean, millones las islas felices que nos esperan ahí fuera, pero optamos por la calma de nuestro atolón. ¿Por qué? Quizás porque nos sentimos más cómodos mezclados entre miles de personas, aunque nos sintamos anulados y solos, que pensando en salir a afrontar la soledad de la búsqueda, porque para encontrarnos a nosotros mismos debemos enfrentarnos con el voraz monstruo de la soledad que mora en lo más profundo de los océanos existentes más allá de nuestro atolón. Pero sólo venciendo al monstruo es posible encontrar a otros seres que también se hayan enfrentado a él, y por tanto, seres plenos que ansían también encontrarse a sí mismos. Sólo ese tipo de personas merecen ser conocidas, pues sólo conviviendo con quienes son conscientes de su valía y su indiscutible singularidad es posible vivir en respeto y ecuanimidad. Aquí yace el secreto de la felicidad, en la consciencia de que se es singular y no mejor, de que se es uno con todo y que admitiendo nuestra soledad en el cosmos podemos realmente valorar la compañía y el amor incondicional a cuanto nos rodea.

    Más allá de nuestro viejo y conocido arrecife de coral se divisan numerosas naves que nos esperan y que buscan nuestra compañía para así hacer más segura la travesía. Ellos ya hace un tiempo que arriaron las velas y tomaron la acertada decisión que les ha llevado a explorar nuevos mundos. Ellos, los jóvenes y viejos exploradores vitales nos recuerdan que no estamos solos en nuestra búsqueda, que el universo entero observa nuestro avance. Quizás asistamos a más de un naufragio, quizás nosotros mismos seamos devorados por el olvido. Sólo sabemos que la incertidumbre y el caos nos esperan allí fuera, pero ¿acaso es preferible la falsa seguridad que nos alberga a la verdad certera que mora más allá de este atolón llamado desidia…?
     
     
                        

    CORAZONES BOMBARDEADOS

     

    Londres 1940, mientras las bombas se precipitan sobre la ciudad y la invasión alemana parece inminente, algo en el interior de sus ciudadanos se resiste a creer que todo está perdido.  Un fuerte sentimiento se ha apoderado de sus corazones, arrinconando al miedo. Se trata de esa clase de fuerza  moral que te convence de que sólo es posible resistir y vencer, porque de lo contrario la barbarie y el oscurantismo se apoderará del mundo.  Es la misma actitud que tomaron los músicos del Titanic mientras este se hundía: sabiéndose perdidos, una fuerza casi mística se apoderó de ellos y en sus últimos instantes de vida tocaron con el fin de apaciguar a los aterrados pasajeros. Todas las catástrofes humanitarias tienen un fuerte componente de vitalidad. Sea cual sea el alcance de la destrucción la vida siempre se resiste ante el mal, saliendo reforzada y victoriosa. De la misma forma en que a una extinción en masa le siguió el resurgir de otras especies, y a una era glacial le precedió una de templada, a las bombas, los exterminios, la barbarie, le precede la vida. El mal que se esconde en cualquier elemento vivo jamás puede triunfar puesto que siempre tiende a ir más allá de dónde puede llegar, agotándose, mientras que el bien tras los primeros momentos de incertidumbre y abatimiento tiende a preservar sus fuerzas.

     Mientras la Ludwafe alemana dominaba los cielos londinenses y la destrucción se imponía por doquier, los ciudadanos seguían con sus quehaceres diarios, pues esa misma fuerza los llenaba de dignidad y los cargaba con la razón que solo se puede hallar en la verdad. Por cada bomba que mataba, nacía, renovada, una nueva idea, una ilusión por destruir por siempre no ya al enemigo, sino a la maldad que subyace en el interior de nuestros corazones. Tal esfuerzo no podía ser en vano, no se podía concebir la derrota pues ello hubiera sido lo mismo que aceptar que todo el camino andado desde el primer instante en que el universo nació no había servido de nada. Quizás sea ese el misterioso secreto del bien: necesita de la existencia del mal para reflejarse en su espejo y tomar conciencia de si mismo como hacedor, en contraposición al destructor. Jamás ningún conquistador logró imponer sus “triunfos” por mucho tiempo pues siempre acabó convirtiéndose en tirano, en cambio, una pequeña nación como Grecia nos aportó la democracia sin necesidad de dominar con sus ejércitos, y su legado aun pervive. ¿No es ese un claro ejemplo de qué sólo el bien puede acabar triunfando? ¿Qué nos queda de los viejos tiranos y sus ansias de poder? Sólo unas cuantas notas borrosas sobre sus vidas.

    Alguien dijo alguna vez que somos aquello que pensamos, yo me atrevería a añadir: Somos aquello que concebimos de nosotros mismos, y en esencia y ausencia de manipulación sólo podemos concebirnos como seres plenos, hacedores y no destructores, por tanto, podrán destruir nuestras ciudades pero jamás podrán bombardear nuestros corazones.