Ian's profileNABOURIAN EL ARGONAUTAPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
LA PIEDRA FILOSOFALDurante mucho tiempo simpaticé con la filosofía budista. Me sumergí en su teoría, intenté estudiar con más o menos profundidad sus fundamentos e incluso intenté hacerlos míos. Con el tiempo me he dado cuenta de que si bien es la filosofía más conectada con la fuente de la vida, tampoco es por sí sola lo bastante consistente para encontrar las respuestas que yo busco. Sin embargo, existe un principio inherente al budismo que creo que sí constituye la piedra angular de la vida misma. Existe un “nexo”, un elemento que despierta en las personas una conciencia que los aleja de esa sensación tan culturalmente arraigada de lo efímero. La cultura occidental está impregnada por el materialismo científico que acota nuestro período de vida, apenas unos ochenta años en el que nacemos, crecemos, aprendemos, competimos, nos situamos socialmente desarrollando una carrera profesional, nos enamoramos y acabamos formando una familia en la que procreamos, siendo este el mejor de los premios que nos puede otorgar la vida. Sin embargo, al final de todo este proceso bien acotado lo que nos espera es la decadencia que permite abrir paso a nuevas generaciones que volverán a completar ese círculo cerrado. A lo largo de todos esos años, si algo hace soportable ese vacío que supone la conciencia de nuestra finitud es la idea del amor romántico: esa sensación de que todo se puede, de que se trasciende a la misma idea de la muerte. Pero por esta misma idea de fin irreversible, le pedimos más y más a la vida y por supuesto, al amor. Nada nos colma durante mucho tiempo y siempre estamos abocados a buscar el más allá. Sí, supongo que no se trata sólo de un mal occidental, a cualquier persona sea de dónde sea, le cuesta vivir el instante presente sin que su mente se vaya hacia otras sensaciones o lugares. De ahí que el budismo fuera la primera filosofía que intenta buscar respuestas que permitan al individuo vivir y aceptar sus momentos, liberándolo del sufrimiento. La respuesta, cómo no, estaba en el amor, en la compasión que se experimentaba cuando despertabas esa consciencia dormida. Personalmente, creo en la existencia de esa consciencia dormida que llevamos dentro y que está a la espera de ser despertada. Durante la edad media, los alquimistas intentaron por todos los medios hallar la piedra filosofal que permitiera trasmutar metales pobres en oro, y por tanto el cuerpo mortal en inmortal. Para mí, la piedra filosofal no es más que ese “nexo” esa “sustancia” capaz de hacer nacer esa compasión que tenemos aprisionada y que de tanto en tanto surge de manera efímera, haciéndonos intuir que existe algo que trasciende a todos nuestros miedos. Yo creo que existe una forma de liberarnos de ese sentimiento arraigado de finitud, y que sin perder de vista que nuestro destino final es pasar, nos permita vivir las sensaciones del momento sin ansiar más. Ese “nexo” sin duda es el amor. Pero siendo el amor esa sensación que nos sostiene, que nos permite hacer más llevadera nuestra conciencia de extinción, también constituye un peligro, pues como buena adicción tiene sus efectos secundarios. El amor también es posesión, celos, envidia, miedo… El amor debe de ser muy poderoso cuando por temor a un Dios que nos ama se construyeron catedrales. ¿Qué es el Tag Mahal sino un monumento al amor, al vacío que creó en alguien su pérdida? ¿Y qué es el amor sino la sublimación de ese sentimiento de pertenencia a un lugar, una vivencia, un tiempo efímero que sabemos qué pasará y qué querríamos eternizar? Sí, el amor es esa voluntad de hacer eterno nuestro paso por la tierra, de dejar huella. Es por amor a nuestra propia vida que buscamos compartirlo con otros, es por temor al olvido que implica la conciencia de sabernos mortales, que necesitamos hacer fluir la compasión que llevamos dentro, porque es en ese precioso instante en que logramos vencer todas las barreras y dejamos surgir el amor, la comprensión, que sabemos que formamos parte de algo más grande que nosotros y qué trasciende a toda comprensión. Tal es la fuerza del amor, nos embriaga, nos abraza con su aroma único y nos brinda la oportunidad de sentirnos inmortales. CUENTO DE INVIERNOEl frío fue desapareciendo poco a poco, casi sin que los habitantes de la pequeña aldea se percataran. Los almendros comenzaban a florecer y las cabras, que habían permanecido encerradas durante los dos meses anteriores, comenzaban a impacientarse pues ya comenzaban a escuchar el grito de la primavera. La nieve ya hacía dos semanas que se había retirado y aun quedaban dos meses de invierno. Cada año que pasaba, éste duraba menos, sin razón aparente. Todos los seres vivos habían notado la inusual bonanza del clima. Todos excepto Adrián, cuyo corazón permanecía helado desde que muriera su hijo Tom, y de eso hacía ya diez años. Para él desaparecieron las primaveras y los veranos y siempre sintió ese frío mortal que se apoderó de cada centímetro de su ser. Desde aquel fatídico día en que su hijo lo dejó, todo el pueblo evitaba entrar en su casa, y los pocos que lo habían hecho juraban que era imposible permanecer por mucho tiempo debido al intenso frío que se apoderaba de ellos. Debían salir rápido, buscando el Sol, pues de lo contrario hubieran perecido helados. Cuando les preguntaban por Adrián, la respuesta siempre era la misma: sentado en su mecedora, rodeado de fotos de Tom. De hecho, nadie lo había vuelto a ver salir de su casa, y si nadie se aventuraba a entrar, ¿cómo se lo haría para subsistir? En estos diez años debía de haber agotado sus existencias. Viendo el poco frío que había hecho durante los nueve años anteriores, pareciera que todos los glaciares, las nieves eternas, la escarcha, prefirieran instalarse en esa casa lúgubre. Mientras tanto, lejos de la aldea, en la corte de la Madre Naturaleza, corría la voz de que el invierno había decidido desistir de tanta ida y venida y que a partir de entonces iba a instalarse en casa de un lugareño de una aldea perdida. Los tres portadores restantes fueron llamados ante Madre para debatir que debían de hacer para restablecer el equilibrio. Madre deliberó con Joven Primavera, con Fogoso verano y con Maduro otoño. ¿Cómo era posible qué el más mayor y maduro de todos, el Viejo Invierno hubiera desistido de sus obligaciones? ¿Por qué razón habría decidido instarse con el viejo Adrián? ¿Cómo podrían descansar el resto ahora? Madre decidió que cada uno de los portadores, por orden, debería visitar a Adrián para ver de hacer entrar en razón a Viejo Invierno. Cada uno de ellos debería de aportar una razón de peso para que su antes inseparable compañero volviera a habitar la Tierra. La primera en visitar la vieja casa fue Joven Primavera. Al entrar en la estancia dónde Adrián solía sentarse sintió un frío intenso pues no estaba acostumbrada a convivir con el invierno. Colocándose delante del anciano llamó a su compañero Viejo con una voz grabe y autoritaria. -¡Viejo loco, aparece ahora mismo, pues necesito hablar contigo!- como buena joven su tono era demasiado insolente, lo cual no gustó nada al Invierno. Éste apareció sin mucho interés y algo enfadado ante semejante atrevimiento. -¿Qué diablos quieres jovencita insolente, es que no podéis dejarme tranquilo y respetar mi decisión? –Me envía Madre –replicó Joven. –No te preguntaré que quiere, puedo imaginarlo, pero supongo que también te habrá dicho que me habrás de dar una buena razón para que vuelva a restablecer el orden. –Sí Viejo, estoy informada, y creo que mi razón es lo suficientemente buena como para que vuelvas conmigo… -No me hagas perder más mi tiempo y dime. –Comentó con tono escéptico el Viejo Invierno. –Bien, no te haré perder más tiempo. Yo creo que has de volver porque es gracias a ti, a tu frío manto, que después el mundo entero valora más mis bondades y las de Fogoso. Sin tu presencia mi belleza no tendría un contrapunto y por tanto nadie se fijaría, se limitarían a aprehender todos los frutos sin la conciencia que tú le pones de que han de guardarlos. Imagínate, Viejo, ¡en menos de una generación habrían arrasado con todo! -Mi querida e impetuosa Joven, si bien tus razones tienen sentido, sólo lo tienen para ti, pues lo único que te importa es que se fijen en tu belleza. Vuelve pues a la corte y dile a Madre que he decidido quedarme por siempre con el anciano Adrián. –Dicho esto, Invierno desapareció y joven marchó con la cabeza baja. Llegó el segundo día en que Fogoso debía compadecer ante Viejo para dar sus razones. Informado por Joven de su fracaso, se armó de valor y dedicó la noche anterior a buscar una razón de mayor peso. Fogoso llamó con prudencia a la puerta de Adrián, y al ver que nadie respondía él mismo la abrió. El panorama era desolador, y al igual que joven no estaba acostumbrado a pasar frío por lo que llamó a Viejo desde el dintel de la puerta. –Viejo, Viejo, baja por favor, vengo de parte de Madre y yo no puedo entrar. –Esta vez, Viejo bajó algo menos enfadado y escuchó a un asustado Fogoso. –Dime amigo Verano, ¿qué te trae por aquí? –Cococomo te te he dicho, meme envía madre papara darte una rarazón papara volver conmigo. –Fogoso era más friolero que su predecesora y la simple presencia de Invierno lo consumía. –Muy bien amigo, te escucho, dame tu razón, pero intenta no temblar tanto. –Replicó el viejo. –Yo creo que has de volver conmigo porque te necesitamos el resto. Joven ha de hacer florecer, yo he de germinar, y maduro debe responsabilizarse de que se recojan las cosechas… No podemos alterar el orden, tú eres el responsable de que las tierras descansen. –Amigo Verano, tus razones tienen mayor peso que la superflua cháchara de Primavera, pero aun así he de decirte que mi decisión es irrevocable. ¡Me quedo! Ándate sin pausa y cuéntale a Madre que escucharé las razones de Otoño, pero veo difícil que cambie de opinión. –Dicho esto, Fogoso bajó la cabeza y emprendió el camino de vuelta hacia la corte. El tercer día, Maduro se encontró delante de la puerta de Adrián. Era plenamente consciente de la enorme responsabilidad que descansaba sobre su espalda. Si él fallaba no podrían volver a restablecer el orden natural, y ni siquiera la todo poderosa Madre podría hacer nada. Perdido en sus tribulaciones, Maduro abrió la puerta y entró en la estancia dónde Adrián seguía sentado. De todos sus compañeros era el que más podía entender a Invierno, de hecho él transitaba entre el calor decadente y el incipiente frío. – ¡Hermano Viejo, hermano Viejo, necesito hablar contigo! -Aquí estoy mi querido y respetado Maduro. No te preguntaré que quieres pues tus dos compañeros ya han estado aquí. Estoy cansado buen Otoño, ¿qué te parece si vamos directos al asunto y nos dejamos de formalismos? A ver, dame tu razón para que te acompañe. –Viejo se sentó delante de un sereno Otoño, esperando recibir una respuesta convincente. –Gracias, mi querido amigo por escucharme. Tú sabes bien que yo transito entre nuestros dos compañeros y te doy a ti el testigo. Os puedo entender a todos, y sé de la inmadurez narcisista de Primavera, del hedonismo y de los excesos de Fogoso, pero me has de permitir que te diga que también sé de tu excesivo celo conservador, de tu seriedad. Dicho esto, yo, que tampoco me libro de mis defectos, pues soy víctima de la melancolía, te diré mi razón, y sin esperar convencerte, sí que te diré que espero que reconsideres tu decisión. Yo creo que has de volver conmigo por una razón esencial. Humildemente te necesitamos, eres parte de nosotros y nosotros parte de ti, te queremos. Sí, Joven es valorada porque le antecede tu blanco manto, tu frío aliento. Verano te necesita porque precisa que las tierras descansen para poder hacer crecer la hierba y las cosechas, que en mi tiempo serán recogidas. Y yo, aparte de por la última razón, te necesito porque tú eres quién me das sentido, si tú te vas, ¿Qué hago yo? -Una vez Maduro hubo acabado su discurso, invierno le cogió la mano y le sonrió, diciendo: -Ayyy hermano Otoño, de todos nosotros tú has sido siempre el más sensato, el menos extremo. Sí, tienes razón en todo lo que dices, pero me he cansado de la presunción de Joven y del egoísmo de Fogoso. De todas las razones, la tuya sería la más convincente de no ser porque mi decisión es irreversible. Pero tengo otra propuesta: ¿Qué te parecería quedarte conmigo y que se las arreglen esos dos portadores presuntuosos? –Otoño quedó algo confuso y a la vez tentado, pero esa sensación duró sólo unos instantes. –No, gracias Viejo, pero he de volver a la corte allí me necesitan más. No te voy a juzgar todo y que te confieso estar triste, pues no sé como podré decirles que yo también he fracasado. –Dicho esto, Maduro se despidió abrazando a Viejo y volvió sobre sus pasos. Al día siguiente, Madre llamó a los tres portadores para que explicaran si habían logrado hacer entrar en razón a Viejo. Por turno fueron narrando su experiencia, concluyendo siempre que habían fracasado en su misión. Madre estalló en cólera y los echó de su presencia, no sin antes encomendándoles la última misión: -Habéis fracasado por separado, quizás debiera haberos enviado a todos juntos desde el principio. Supongo que no tengo que advertiros de las consecuencias de un fracaso final, ¿Verdad? No podemos pasar un año más si la presencia de Viejo, o el caos se apoderará de la Tierra y acabaremos desapareciendo, por siempre… En vuestras manos está la Vida o la Extinción. ¡Buscad una razón, escuchadme bien, una única razón que consiga que Viejo vuelva! –Los tres portadores emprendieron camino hacia la aldea dispuestos a encontrar esa única razón que despertara la compasión de Viejo. Al cuarto día, Joven, maduro y un abrigado Fogoso entraron de nuevo en la congelada estancia. Esta vez no hizo falta que llamaran a Viejo, pues este permanecía sentado frente al sofá de Adrián. Invierno miró a los tres portadores y dijo. –Me temía que madre no desistiría tan fácilmente. A ver, sorprendedme de nuevo, dadme tres nuevas razones para que vuelva con vosotros. –un sonriente Maduro se acercó y con palabras sinceras comenzó a hablar. –No, amigo, esta vez venimos los tres para darte una sola razón para volver. Te necesitamos todos sin excepción: Tú asistes al parto que hace que Joven venga al mundo cada año, le das la vida para que ella pueda dar la flor a Fogoso para que a su vez haga nacer la fruta que luego yo recogeré. De todos quizás yo sea el menos importante, pero soy el que os doy la mano, el que os acerco y alejo. Viejo, no podemos darte más razón que nuestra propia vida. Si tú te vas, nosotros desaparecemos. –La habitación quedó en silencio durante un tiempo que se hizo eterno. De repente Adrián salió del ofuscamiento en que había estado sumido durante los diez últimos años y miró con atención a los cuatro portadores, exclamando: -A ti Viejo, te he de agradecer la compañía que me has hecho durante todo este tiempo, pero no puedes abandonar a la Vida. Creo que yo puedo darte la mejor de las razones: yo que me he sumido en la desesperación, que me he escondido en la pena sin preocuparme por comprenderla, que he helado mi corazón sin dar cabida a más sensaciones, sé mejor que nadie lo que es la muerte en vida, lo que significa vivir suspendido en un instante en el que todo y nada pasa. Así es la vida sin cualquiera de vosotros. Si faltáis, se acaba la pasión por aprender, por evolucionar. Si tú faltas todos los demás se me unirán y permanecerán, por siempre en un infierno sin respuestas ni preguntas. Esa es la peor de las extinciones. Y, mi fiel amigo, si tú te vas, yo vuelvo a la vida. –Invierno miró al anciano con lágrimas en los ojos y cogiéndole la mano dijo: -Esta es la mejor de las razones que se me podía dar para volver con vosotros. Tenías razón Maduro, todos tenemos nuestros defectos: Joven es impetuosa y vanidosa, Fogoso hedonista y egoísta, tú te dejas llevar por la melancolía y yo soy excesivamente riguroso, pero es en la unión de todos esos sentimientos que damos sentido a la vida. Amigos, adelantaos y decidle a madre que estoy dispuesto a volver, antes tengo que hacer mi trabajo pues aun restan dos meses en que se requiere mi presencia. Dicho esto, los tres portadores marcharon dejando solos al anciano y a Invierno. –Mi querido Adrián, me he escondido detrás de ti para desistir de mis obligaciones y en esa huída he contribuido a ahondar tu pena. Todo pasa y todo renace. En esta continua rueda en la que nacemos y morimos, si hay algo que ha hecho soportable nuestra soledad es sabernos parte de un todo único. Gracias a tus palabras me has recordado que yo no soy una excepción, pero tú, Adrián, tampoco lo eres. Algún día, al igual que tu hijo y todos los que le antecedieron, volverás a la tierra para volver a renacer. Ahora debo de irme. Me espera todo tu pueblo y el resto del mundo. –Tras abrazarse, Viejo salió a la calle y se desvaneció, fundiéndose con el aire. Repentinamente bajó la temperatura y los almendros perdieron su flor, y los animales dejaron de llamar a sus dueños. Calló la noche y el invierno volvió al valle. Al día siguiente, una tupida capa de nieve sorprendió a los habitantes de la aldea, pero lo que más les llamó la atención fue el humo que salía de la chimenea del anciano Adrián. El pueblo entero se dirigió hacia su casa y cuando entraron vieron cómo el anciano estaba preparando comida para todos. Ese día, en dos planos distantes hubo dos fiestas. Había mucho a celebrar, de nuevo se había restablecido el orden y la vida volvía a triunfar desterrando el olvido. Dedicat al Natxet, per les nits de companyia a la distància. PARADOJAS APARTEAyer sentí hablar por primera vez de la “paradoja de Hopkins”, y me sentí inmediatamente arrastrado por una fuerza que me obligaba a escuchar y absorber todo cuando el señor Hopkins iba enunciando a través de su voz robótica a la que nos tiene acostumbrados. “El universo está en retroceso y lo que se creía infinito, incluidos los agujeros negros, realmente no lo son, por tanto toda esa energía que absorbe, toda esa increíble fuerza se acaba consumiendo y desapareciendo”. Me quedé absorto, no soy físico, ¿pero qué hay de ese precepto con el que me educaron sobre la transformación de la energía, de su no destrucción y del infinito? Si yo me quedaba así, ¿Cómo debían de haberse quedado los físicos? Y si realmente todo puede destruirse, desaparecer, también todo por lo que vivíamos, todos nuestros sueños, nuestras obras, nuestros sentimientos, el amor, todo, todo desaparecería… Lo que más me impactó fue que más que agobiarme o deprimirme sentía una paz increíble. Realmente era liberador pensar que podíamos limitarnos a vivir nuestras intensas vidas sin pensar en lo que tenía que venir, pues si no hay nada, ¿de qué preocuparnos? Inmediatamente me asaltó otro pensamiento: en estos últimos diez años asistimos a un sin fin de informaciones que apuntan a extinciones masivas, a desastres naturales susceptibles de destruirnos, a un universo en retroceso que acabará tragándonos. ¿Será cosa de un milenialismo, eso sí, muchísimo más sofisticado que el que les tocó vivir a los resignados habitantes del año mil? Paradojas aparte, ¿Y qué más da que todo se pierda para siempre si nos pasamos la mayor parte de nuestro ya de por sí poco tiempo intentando encontrarnos? ¿Y para aquellos que ni siquiera se pueden procurar el sustento diario, para los desheredados de la Tierra, habidos y por haber, qué les aporta de nuevo tener esta información? Al fin y al cabo, a ellos hace muchos años que se los tragó un agujero negro. De hecho su destrucción es doble, la que supone estar sometidos al olvido y la propia muerte. Eso me recuerda otro enunciado: “cuando un individuo cae en un agujero negro está muerto y vivo al mismo tiempo”. Paradojas aparte, quizás me quita más el sueño el hecho de que exista desheredados, que perdamos nuestro poco tiempo buscándonos mientras destruimos el entorno que nos sustenta, que nuestros científicos inviertan su tiempo intentando averiguar lo que ha de venir y el por qué de ello (aunque me apasiona de manera brutal) en lugar de intentar buscar respuestas inmediatas que, superando los intereses económicos que siempre son a corto plazo, den soluciones reales que nos permitan no auto finiquitarnos bastante antes de que el universo desaparezca. Así pues, ante tanta zozobra, quizás debiéramos dejar las paradojas aparte…
I DEMÀ POT SER M'ALÇARÉ...
Este texto está basado en una conversación real con un joven ingeniero de Lleida cuya vida ha cambiado a raíz de un accidente de coche. Quiero homenajearlo por su entereza y su capacidad para reconstruir su vida. Ello demuestra que estamos constantemente comenzando y que lo que a priori parece un final siempre supone un nuevo comienzo.
Aquest estiu ha estat molt calorós, en la granja he tingut algunes baixes, per sort el sistema de ventilació i de control de temperatures que em van instal·lar l’any passat ha funcionat. Qui m’havia de dir que jo estaria aquí? De fet, de no ser per l’accident, potser no m’hagués plantejat mai de portar la granja. Amb els estudis d’enginyer Tècnic Industrial acabats, tal vegada m’hauria dedicat a altres “projectes”, però les circumstàncies són les que són. La meva germana tenia la seva vida muntada, i mon pare ja és major, i per a ell va ser un “pal” molt gran el que em va ocórrer. Tots dos ho vam passar molt malament, però l’ajuda rebuda pel centre sanitari i sobretot la gent de l’Associació de Discapacitats, va ser capital. Tots dos vam assistir a les sessions de reeducació i a poc a poc ens vam fer a la idea, bé jo més que ell, perquè he hagut d’animar-lo ben sovint a assumir la realitat sense perdre mai l’esperança. Crec que a ell també se li han truncat els projectes, tènia previst vindre a la ciutat amb mi quan m’haguera instal·lat com a enginyer tècnic i vendre les terres i la granja. Malgrat tot si m’he quedat en el poble és per que he volgut i a més treballo de lo meu des de casa i és indiferent on es trobi aquesta. La Pilar del Centre, em va posar en contacte amb persones que havien passat per la meua situació, em van aconsellar i em van donar solucions. Llavors em plantejà, donada la meua professió, el treballar des de casa. Des del meu ordinador em comunico amb l’oficina de l’empresa i ara fins i tot em visen els plànols per internet gràcies al programa que ha instal·lat el Col·legi Professional per a agilitzar els tràmits als col·legiats que residim lluny de la ciutat. Un col·laborador de l’empresa m’ajuda en les visites als clients i la resta ho faig des d’aquí. En quant a la granja, tenia que adaptar-la a la meva realitat i a la de mon pare. Una cosa tenia clara: No havia de donar maldecaps a ningú. Jo tenia que ser més autònom que mai. Quan vaig cobrar la indemnització de l’accident, vaig decidir invertir-ho a fer reformes a la casa, aplicant sistemes domòtics, millorant els sistemes de comunicació, automatitzant la granja i controlant la gestió i el control dels camps. Quan un es troba en una cadira de rodes veu el món d’una altra manera. vam posar un ascensor per a facilitar els accessos des del carrer a la casa. El control de la calefacció està descentralitzat i ho controlem des d’un mòdul que hi ha en cada zona, d’aquesta manera no hem d’anar amunt i avall per a posar-la en marxa. Les llums s’obren i es tanquen per presència o per control remot que també em permet obrir o tancar les persianes. si tenim una apagada, unes bateries em permeten tindre el control de tot el sistema domòtic i a més m’avisa al mòbil en el cas que no estiguem a casa. Gràcies a totes aquestes petites grans aportacions he tornat a veure la vida amb una il·lusió renovada, però, qui ho sap? Pot ser demà m’alçaré… NUDOS GORDIANOSEl oráculo profetizó que sólo aquel que fuera capaz de desatar el nudo gordiano lograría conquistar Asia. La idea de unir el pragmatismo y la espiritualidad, de demostrar que es posible conjugar ambas partes, inherentes a nuestro ser, es algo más que una leyenda. El nudo simboliza la idea de unir a todas las cosas transformándolas en una sola. Nada puede imponerse, y sólo la unión cooperativa y no el enfrentamiento nos llevarán a buen puerto. ¿Así pues, por qué empeñarnos, como Alejandro, en "deshacer" el nudo? Él cometió el error, por otra parte tan humano, de creer que lograría dominar el mundo, ¿pero quién puede dominar un mundo loco cuando ni siquiera es capaz de contener su propia locura? Gordión fue de la primeras ciudades en la que los ejércitos macedonios irrumpieron tras cruzar el Heles pontos. Seguramente, Alexandros pensó que allá le esperaba el destino, y que era éste el que le permitiría conseguir su fin último: la conquista del mundo conocido. ¿Pero fue el destino quién lo puso tras los pasos de su sueño, o fue su sueño quién le hizo forzar ese destino? Jamás logró deshacer el nudo, sino que lo cortó con su espada. ¿Acaso no es eso modelar el destino según la propia conveniencia, ponerlo a tu servicio a través de la astucia? De hecho tiene poca importancia pues manipular el destino parece ser el destino inherente al ser humano. Desde entonces hasta ahora, centenares de héroes y anti héroes se han visto ante otros nudos que deshacer con el fin de llegar hasta su destino. Excalibours, santos griales, lanzas sagradas, han constituido la excusa perfecta para detentar el poder y sus prevendas. Pero todos esos héroes pasaron por los caminos polvorientos sin apenas dejar huellas. Si acaso las historias épicas engrandecidas por los historiadores y trovadores fueron las únicas que enaltecieron sus obras. Hay quien sostiene que el conjunto de sus actos nos ha legado el mundo actual, pero yo discrepo en lo esencial y me pregunto si el mundo no hubiera sido igual o incluso mejor sin sus destinos. Cierta vez anduve tras los pasos de Alejandro por Persia. Al llegar a Pasargade, al igual que él hiciera, estuve meditando ante la tumba de Dario I. Intenté imaginarme que debió pensar y si allí se encomendó de nuevo a los dioses antes de seguir con su conquista. Hoy me ha vuelto a venir a la cabeza, y he pensado que si ese viaje lo hubiera hecho hace un mes, hubiera pensado sobre ese nuevo nudo de nuestros tiempos que ha sido “las armas de destrucción masiva” y que ha empujado a otro ser iluminado a erigirse como nuevo dios viviente de occidente y general en la retaguardia de los nuevos ejércitos invasores de oriente. Al fin y al cabo Alejandro fue un hombre de su tiempo con las limitaciones de su tiempo, la superstición que los dejaba más a merced de los dioses que de la razón, pero, en estos tiempos tecnológicos en que la razón impera, ¿Qué justifica a estos nuevos tiranos que se confiesan admiradores y sucesores de Alejandro a apropiarse de nuestro futuro?
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