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    UNA IGLESIA ARDE

    Una de mis canciones favoritas de Simon & Garfunkel dice en su primera estrofa: "Una iglesia arde, las llamas se elevan, como si fueran manos desesperadas que ruegan al cielo. Como manos rogando, dicen: podéis quemar mis iglesias pero al final seré libre".
    Siempre me llamó poderosamente la atención la última afirmación: "podéis quemar mis iglesias pero al final seré libre". Desde el principio hice mia esa frase y la apliqué a cualquiera de las injusticias que veía a mi alrededor. Se trata de una especie de mantra con una fuerza increíble, y encierra la mejor de las esencias del ser humano: el poder de resistencia ante la opresión, la necesidad de vencerla, de afirmar nuestro yo. Ni siquiera la amenaza de muerte puede doblegarnos, pues es más fuerte nuestra voluntad de ser. La iglesia no es tanto el templo dónde rezar como nuestro yo interior, nuestra esencia, todo cuanto hemos sido, somos y seremos. En la canción, cuando los tres enmascarados lata de queroseno en mano prenden fuego al templo, lo que realmente están intentando destruir no es la construcción sino nuestro corazón, nuestra mente. En definitiva, nuestra voluntad como individuos.
    Cuando una noche de 1933 el Reichtag ardió ante la pasividad de los ciudadanos alemanes, no sólo se perdió una joya de la arquitectura, no sólo se enterraba la democracia a dos metros bajo tierra, peor aun, se destruía la voluntad de todo un pueblo, la dignidad y la esencia de cada uno de ellos. Su presente y su futuro. El fuego tiene esa poderosa contradicción, es destructor pero también regenerador. La pasividad ante ese incendio trajo otros fuegos: primero llegó la quema de libros y después le siguió los hornos crematorios. Sus futuras víctimas siempre encerraron en su corazón la misma frase: "podéis quemar nuestras casas, podéis quemarnos, pero al final seremos libres". Esa frase es mucho más poderosa y persistente que el ansia de destrucción. Por eso los tiranos la temen, porque saben que al final triunfará. Saben que es más fuerte nuestro poder de resistencia y nuestra ansia de libertad que sus antorchas.
    Siempre existieron y siempre existirán
    "pirómanos" que intenten incendiar nuestros templos, nuestras casas y ciudades, pero también existirá una fuerte voluntad, acrecentada por los avatares de nuestra historia humana, de vencer ante la adversidad, de crecer, de buscar y de no cejar. Mientras más turbulentas sean las aguas, mayor será nuestra capacidad y nuestro empeño para tender puentes sobre ellas, puentes con los que llegar a cotas más altas de libertad y auto conocimiento. Al final tal y como reza la canción: "Una iglesia es mucho más que madera y piedra, y la libertad es un camino oscuro cuando caminas solo. Pero el futuro ya ha llegado, y es hora de apoyarse para que las campanas perdidas de la libertad puedan sonar más allá de mi tierra". Sí, definitivamente, ahora y por sie mpre: podrán quemar nuestras iglesias, pero al final seremos libres.
     
     
     

    UNO A UNO

    Me siento ajeno a prácticamente todo cuanto acontece a mi alrededor sin que ello signifique que me sea indiferente. Sencillamente me siento poco o nada identificado con los sentimientos de la mayoría de las personas. Presiento que es peligroso expresarlo así, sobre todo pensando que va quedar al alcance de cualquiera que quiera leerlo. Las palabras suelen ser limitadas y a veces, por qué no admitirlo, torpes y fácilmente mal interpretables.

    Lo admito, no entiendo a la masa y ni siquiera a mí mismo cuando me diluyo en ella. Lo reconozco sin ningún tipo de pudor, me pierden vuestros vaivenes, vuestras filias y fobias… En cambio, qué fácil es entenderos uno a uno, cuando calláis y sólo me miráis, o cuando os leo y veo congelado un cúmulo de sentimientos, que al contrario que el concepto atemporal de amor, es temporal, perteneciente a un momento concreto e irrepetible.

    ¿Sabéis? A veces no hace falta un diálogo de preguntas y respuestas y en cambio leyendo ese preciso momento congelado en el tiempo que es lo que son las palabras poco meditadas de un poema, o leyendo una mirada sincera y desprovista de defensa puedes comunicarte de corazón a corazón y ENTENDER al otro, sin que medien palabras disonantes que a veces sólo llevan a la confusión.

     

     

    Mientras volvía a casa con mi bicicleta venía pensando en lo que acabo de expresar, pero me ha sacado de mi ensimismamiento el ruido ensordecedor de un trueno, a lo lejos. Parecía que una tormenta se cerniría sobre mí limitando mi marcha. Pero al final, de entre las nubes negras unos rayos de Sol se han abierto paso y como apartando la parte más espesa ha aflorado un cielo de un azul intenso como nunca antes había visto. Entonces lo he visto claro: por ajeno que me seáis, por insondables y poco comprensibles que me resultéis, siempre salís a mi encuentro, como ese cielo intensamente azul salió de entre la masa negra, obligándome a ver que somos justo eso, un conjunto de soledades aunadas, únicas, exclusivas, preciosas e irrepetibles.

    Sólo hay una cosa de la que pueda estar seguro, y es que aunque estemos en un mundo de locos, siempre podremos volar para escapar de la masa cacofónica y salir al encuentro de todas las almas individuales que anhelan la libertad del Ser.

    Esto es para ti y sólo para ti, pues como he dicho antes, sólo puedo entenderte en soledad, mirándote a los ojos, sin prisas, sosegadamente…

       

    DE LO VISIBLE Y LO INVISIBLE

     
     

    Existe una capa invisible que todo lo cubre, un infinito número de pequeños sucesos que se cruza en nuestro camino y que pasan desapercibidos. Todos esos sucesos en sí pequeños, el hecho, por ejemplo, de que una abeja polinice una flor por la que se siente atraída, y que esa misma flor fruto de la evolución haya adoptado una forma atractiva para ese tipo de abeja puede parecer insignificante, pero ese preciso acto de amor mutuo e inconsciente es lo que mueve el mundo, lo que hace que estemos aquí. Y como ese ejemplo, fruto del caos, podríamos encontrar millones de pequeños acontecimientos que se suceden sucesivamente.  Eso me hace concluir que somos más lo que amamos que lo que nos ama. Los seres humanos no somos una excepción. Aquello que nos hace Ser y trascender es amar, y es cuando amamos, incluso cuando no somos correspondidos, cuando dejamos marchar y deseamos lo mejor para el otro a pesar de que algo en nuestro interior nos estira para impedirlo, cuando  descubrimos que poco importa lo que la otra persona pueda sentir, lo importante es que somos capaces de amar. Luego amar es ser.

    Todo cuanto acontece en el planeta es fruto del amor consciente o inconsciente,  desde las simbiosis más elementales a la procreación. Absolutamente todo desde los inicios de la vida en la Tierra se ha movido por un acto elemental de deseo. La pasión por algo o alguien hace que nuestro mundo se haga más pequeño, controlable, comprensible y por ende manejable. Incluso en este acto estrictamente egocéntrico impera el amor, pues es lo que nos hace resistir los embates diarios. Es una forma de subsistir, forma parte de la evolución. Quizás sea cierto que los fuertes sobreviven, pero es esta una frase peligrosa y simplista, yo añadiría, son los que aman a pesar de todo lo que estira dentro de nosotros y que nos dirige día tras día a la auto destrucción, los que se aman a sí mismos pero también aman a cuanto los rodea a pesar de las decepciones, los que están preparados para entenderse y entender.

    Sí, indefectiblemente estamos aquí desde los inicios de la vida para vivir el instante, para amar y ser amados y es ello lo que nos mueve. Hay seis mil millones de personas en el mundo, más de un billón de insectos y billones de otras formas elementales de vida,  pero tú que me lees en este instante eres la más importante.