Ian's profileNABOURIAN EL ARGONAUTAPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
¿QUÉ FUE DE MANAH MANAH?¿Qué fue de Manah Manah, el otrora joven y prometedor cantante hippie unicejo, de melena y barba parda y poblada? Esta pregunta me asalta a cada instante y no me deja conciliar el sueño. Como suele suceder con todas las figuras míticas: Greta Garbo, James Dean, Elvis presley, Jesús Gil, su persona está rodeada de cientos de conjeturas, siendo muchos los que afirman que no ha muerto, y otros, los menos, los afortunados que dicen haberlo visto. Unos son de la opinión de que Jim Hemson, su mentor, era su amante y que ambos se retiraron del mundanal ruido en una casita situada en un valle recóndito del Himalaya, pero yo lo dudo. Jim era algo promiscuo y “pijo”, nada del estilo de Manah, que jamás hubiera admitido sus escarceos con Peggie, Kermin, Gonsho, o cualquiera de los muñecos que se le ponía a tiro. Otros afirman que Manah se unió a una secta que marchó a la Guyana para allí montar una sociedad idílica, pero dudo que su despampanante figura y su sed de protagonismo se adhiriera bien a los principios anuladores inherentes a una secta. ¡¿Os podéis imaginar al líder sermoneando y a Manah con la boca cerrada?! Francamente, yo no… Más bien me imagino al susodicho líder exclamando: “¡¡¡Siiii, el maná caerá del cielo, aleluya!!!” y a él preguntando: “¿Manaaaahhh, manaaaaahh?” Hubiera durado exactamente cinco minutos, descartado. Por otro lado, están los que elucubran que al más puro estilo “Baby Jane”, se quedó a vivir con su hermano pequeño, un tal Bustamante, de quién aquí no hemos oído hablar mucho pero que triunfó en Sudamérica. Mientras la carrera de Manah se iba apagando, la de Busta iba subiendo como la espuma. Comentan que no pudo soportar la presión de la decrepitud y que enloqueció, matando a su hermano en un ataque transitorio de enajenación. Aquellos que lo han visto en el psiquiátrico afirman haberlo visto con la mirada perdida, peinando a una muñeca rubia y repitiendo continuamente: “¿qué fue de Manah Manah?” Personalmente tampoco creo en esta última hipótesis, pues ese tal Bustamante sigue berreando por Sudamérica, y aunque aquí no lo conozca nadie, tengo un amigo que tiene un amigo que conoce a un chileno que tiene un primo que dice haber ido a uno de sus conciertos en el festival de Viña del Mar. ¡Increíble, pero cierto! Descartado también. Yo creo que tal y como pasó con Greta, James, Elvis y Jesús, Manah decidió desaparecer cuando su estrella más despuntaba para así ser eterno y brillar en el firmamento de las estrellas incombustibles. ¿Dónde está? Poco importa. Si a caso, de tanto en tanto dejará verse furtivamente para alimentar su leyenda. Ahora sólo nos queda unos cuantos videos de sus momentos más estelares para calmar las ansias de sus pobres fans desconsolados. Yo que lo pude ver en vivo y en directo en el Radio City Music Hall en el año 1975, os aseguro que estos vídeos no le hacen justicia, pero no tenemos nada más. Así pues, os dejo con uno de sus momentos más culminantes y quiero que sirva como mi más sentido homenaje al mayor cantante del siglo XX. Va por ti, Manah, allí donde estés, tu mayor admirador jamás te olvidará... EL PODER DE UNA CANCIÓNLos ejércitos marchan victoriosos, y en su subconsciente colectivo navega la idea de imponer por la fuerza un ideal que pone a su patria por encima de la tierra que sus botas pisan. Perdido entre el pelotón, algún que otro soldado, siempre los menos, siente remordimientos por mancillar el honor de una tierra que bien podría ser la de alguno de sus ancestros. Mientras, en el interior de alguna taberna, entre humos, alguien aviva el fuego de la libertad atreviéndose a cantar una vieja canción sentimental. Siempre es la misma vieja canción prohibida, maldita por vieja y arraigada. Las notas lastimeras se confunden con el ruido de las botas contra la calzada, pero éstas no pueden acallar el grito de libertad que ya ha prendido en el corazón de todas las mujeres y hombres que moran en esa desvencijada taberna. Poco a poco, muchos otros moradores de otras tabernas van aunando su lastimera voz extendiéndose lentamente por toda la tierra ocupada. Ahora las botas saben que no podrán acallar la verdad y que más temprano que tarde dejarán de sentirse sus insolentes pisadas. Es ese el instante exacto en que el invasor duda por primera vez de su ideal, y la palabra cantada comienza a vencer a la fuerza de las armas. Bien entrada la noche, cada una de esas almas que a primera hora estaban vencidas, volverán hacia sus casas con la moral como arma y el ansia de libertad como munición. Ha nacido la revolución de la verdad, la misma que los llevará hacia la libertad. Ellos aun no son conscientes de ello pero en su interior mora la semilla de la resistencia. Los invasores subestiman a sus súbditos, e ignoran que es infinitamente mayor el poder de la resistencia que el de la lucha. No saben que a los guerrilleros les sigue en la retaguardia un sin fin de resistentes que portan la razón como única arma. Pero ¿Cuándo los soberbios han creído que la razón constituye un peligro? Mientras la noche cae y las últimas tropas se retiran a sus cuarteles, algún que otro soldado, ahora cada vez los más, se preguntan qué están haciendo lejos de sus hogares. Sus pensamientos están con los que se han quedado en casa, piensan en sus novias, hermanas y madres y en qué harían ellos si el azar hubiera querido que fuera su tierra la usurpada. Otra vez la nostalgia se apoderará de sus almas, ellos que fueron aquellos jóvenes que enarbolaban la bandera de una falsa libertad. Entonces mirarán a sus corazones y verán que no son tan diferentes de ese viejo enjuto que cantaba en la taberna del pueblo, y desearán unirse a su canto de libertad, aquel que los devolverá a casa de nuevo. Por fin la semilla de la razón se ha hecho un lugar en el corazón del invasor y en la próxima primavera germinará dando lugar a millares de flores que nacidas del odio ondearán en el cañón de cada fusil, mientras las tropas vuelven a sus hogares, cantando junto al pueblo antes subyugado esa vieja canción libertaria, y juntos demostrarán el poder de una canción.
"Escucho la voz en el viento, una voz que me llama por mi nombre: escúchame mi niño, soy la voz de tu historia, no tengas miedo, ven, sígueme, responde mi llamada y te haré libre. Soy la voz en el viento y en la lluvia, soy la voz en tu pena, soy la voz que siempre te llama, soy la voz que siempre te seguirá..."
SEISMe he levantado, como cada mañana, entre somnoliento y expectante, ansioso por tomar el primer café de la jornada. Creo que ésta es la única adicción que tengo.
Mientras me afeitaba pensaba en el número seis. Parecía mentira como algo tan poco significativo a priori como seis grados más, podía cambiar tanto nuestras vidas. En absoluto me he sentido preocupado, era algo que cualquier personas con un mínimo de conocimientos biológicos sabe que ha pasado ya en el pasado y que no podíamos pretender permanecer siempre en un falso edén. Sin embargo sentía ganas de vestir sobriamente, quizás para hacer compañía a tan lúgubres expectativas. Me he puesto mi camisa blanca y mi corbata negra y antes de salir camino del trabajo he vuelto a dar un último vistazo al programa de televisión. Por fin habían llegado al número seis. En esos instantes Nueva York ya había quedado anegada por las aguas, todo el oeste de Estados Unidos se había convertido en el desierto que un día fue, y tres cuartas partes de la humanidad se habían convertido en nómadas refugiados. Un buen señor, superviviente de la tragedia del Katrina decía: “sólo aquel que tenga capacidad de moverse podrá sobre vivir”. Y yo me pregunté: “¿acaso no fue siempre así?” Las migraciones primigenias desde África se debieron a cambios drásticos en los ecosistemas en los que habitaban nuestros antepasados más remotos. De hecho siempre estuvieron en movimiento: de África oriental a Asia, de Asia a Europa y Oceanía y más tarde a América. Pero antes no existían limitaciones políticas al movimiento, y éste se producía por necesidad. Rápidamente me ha asaltado una pregunta: ¿no estaremos discutiendo sobre el sexo de los ángeles, no estaremos creyéndonos tanto el centro del universo que estemos obviando que no nos enfrentamos a algo nuevo? He apagado el televisor y he marchado hacia mi trabajo. Nada más salir a la puerta de la calle he mirado el tímido Sol de la mañana y me he sentido en paz con todo. No hay nada más liberador que no sentirse el centro de nada, que saber que todo pasa, que yo pasaré y que a pesar de esos seis hipotéticos grados, de toda nuestra prepotencia para creer que nosotros podemos evitar algo, o por qué no decirlo, incluso ser responsables de cambios que ya se producían antes de que ni siquiera fuéramos un proyecto, a pesar de todo ello, la naturaleza finalmente cumplirá con sus ciclos y siempre existirán tormentas y huracanes a los que le seguirán la calma, y que a las nuevas playas resultantes de la destrucción, llegarán semillas portadoras de nuevas formas de vida. No he podido evitar sonreír cuando un pequeño Mini azul con un enorme número seis dibujado en su capot se ha parado en el paso de cebra. Ese día el número seis me perseguiría insistentemente. He vuelto a la realidad, pero antes de incorporarme al ritmo de ese día he pensado por última vez en la paz que puedes respirar cuando aceptas que caminas por el filo de la navaja y asumes que todo aquello que hoy te es seguro mañana se convierte en caos. Personalmente cuando más perdido me encuentro es cuando paradójicamente más ubicado me siento, es lo que me hace sentir libre como cuando era niño y no habían límites. Con este último pensamiento, me he incorporado en la corriente humana, que como yo se dirigían a sus trabajos. Curiosamente me he sentido acompañado de esa masa silenciosa como pocas veces. Supongo que hacerte consciente de lo poco que representas es lo que más valioso te hace…
LA CAJA DE PANDORA ("REMIX")Cuenta el viejo mito griego que Pandora fue la primera mujer, modelada por Zeus con el único fin de castigar a los hombres por haber recibido de Prometeo el fuego. Por ese motivo Zeus decide enviar a Pandora a Epimeteo, al que su hermano Prometeo había advertido previamente que no aceptara obsequio alguno de zeus. Epimeteo, cautivado por su belleza la tomó por esposa. Al ver Pandora una caja cerrada, llena de curiosidad la abrió difundiendo todos los males por el mundo y sólo la esperanza quedó en el fondo de la caja. Así fue como los males se esparcieron entre los hombres, y solamente la esperanza les quedó como consuelo. No deja de encerrar cierta perversidad el hecho de que se nos deje a los hombres la esperanza como único consuelo. Hemos heredado un gran dilema: ¿Es ésta realmente algo bueno que los dioses colaron en la caja para no ser desproporcionados, ó, realmente se trata de uno más de los males disfrazados de bondad? La esperanza puede llegar a ser algo maravilloso cuando nos impulsa a sobrevivir a las hecatombes de la vida, cuando nos catapulta a la consecución de nuestros objetivos más elevados. Sin embargo también puede ser un dardo envenenado que en muchas ocasiones implica conformismo y esperar que los dioses lo arreglen todo, mientras nosotros, los mortales, vamos viviendo nuestras tristes vidas ajenos al sufrimiento. La esperanza es la anestesia que nos adormece mientras el resto de los males que se escaparon hacen el trabajo para los cuales fueron creados. ¿Así pues, es demasiado descabellado afirmar que la esperanza es uno más de los males (quizás el peor) acaso los dioses en su empeño en castigar nuestra osadía habrían de ser condescendientes aportándonos una bondad entre tanto mal? A estas alturas queda claro que Epimeteo, en esa metáfora, lo que realmente robó no fue el fuego, sino que fue en busca de su propia libertad como individuo, y los dioses (los propios hombres que intentaban controlar al Hombre) reaccionaron poniendo nuevas y sibilinas cadenas más sofisticadas que las habidas hasta entonces. Durante los últimos años hemos tomado conciencia de la necesidad de concebirnos como seres plenos. Ello ha implicado la necesidad de auto analizarnos y observarnos en nuestras decisiones diarias. ¿Cuantas veces no nos hemos encontrado intentando indagar sobre un tema espinoso que implicaba recibir respuestas para las que quizás no estábamos preparados? Personalmente, me he visto a menudo haciéndo preguntas y abriendo cajas de las que surgían más preguntas que respuestas, y, cómo no, en el interior siempre quedaba la esperanza de encontrar una respuesta. De nuevo el dardo envenenado, pues esa esperanza sólo servía para esperar sin hacer nada. Como decía Dylan: "la respuesta está en el viento". Si era así algún día me llegaría de forma casual. No nos enfrentamos pues a una sola “caja de Pandora”, sino a infinitas cajas, tantas como preguntas nos asaltan en nuestra cotidianidad. ¿Pero, qué sería de nosotros si no las abriéramos inocentemente intentando encontrar respuestas? Nos quedaríamos con las mentiras de los dioses, viviríamos en ese Edén-prisión que diseñaron para nosotros, sin necesidad alguna de hacernos preguntas. ¿No es cierto, pues, que con esta maldición estamos obligados a buscar nuestras propias respuestas? Personalmente huyo de la esperanza, y aunque es como una droga que anhelo a cada momento y deseo fervientemente, la interiorizo, soy consciente de ella y la dejo en la caja. Creo que sólo así puedo ser consciente de los males que un día escaparon y que azotan mi mundo, el interior y el exterior. La esperanza ha creado a las religiones que aprisionan nuestra alma y domestica nuestros pensamientos. Tan sólo tienen sentido porque necesitamos saber que nuestra vida no ha sido en vano, que tendremos un futuro. Y yo me pregunto: ¿No nos liberaría más vivir sin esperanza alguna, no sería quizás la forma de hacernos conscientes de que estamos aquí y ahora y que poco importa lo que pueda venir? ¿No sería esa la verdadera revolución pendiente? No, el mito de la caja de Pandora no es simple, no es una mera forma de explicar el por qué del mal en el mundo. Contiene un saber iniciático, marca el principio de lo que en la cultura oriental se denomina el “ying y el yang”, el bien, el mal y la relatividad de ambos. También nos marca cual es el final de la humanidad. No ya su fin último como especie, sino lo que el ser humano puede conseguir individualmente. Ser consciente de forma individual de que la esperanza es tan sólo eso, el dardo envenenado que nos adormece mientras el mal hace su trabajo, nos hace revelar contra la ignorancia, nos hace vivir el “aquí y ahora” y nos hace invencibles. Es justo eso lo que la religión ha descubierto e intenta evitar desde los orígenes. Dar esperanza es la forma de controlarnos, de tener poder… Creo que este es el gran empeño de mi vida, conseguir dejar encerrada esa droga adormecedora llamada esperanza a dos metros bajo tierra, a pesar de las tentaciones que me empujan a buscarla y a absorberla por cada poro de mi piel. Creo fervientemente que cuando todos logremos ser conscientes de ese regalo envenenado que los dioses nos ofrecieron para podernos controlar, las religiones desaparecerán pacíficamente, las guerras e incomprensiones entre todos nosotros, el hambre y la injusticia desaparecerán, y entonces y sólo entonces lograremos llegar al estado de Humanidad.
"ENGANCHADO" A LA VIDA...Conozco a una gran persona que vive en un lugar distante cuyos habitantes “enganchan”, y a juzgar por lo que siento cuando hablo con él debe de ser cierto… Este pequeño gran hombre desprende vitalidad y positivismo por cada uno de los poros de su piel. Tiene mirada de gatito perdido pero su corazón late como lo haría el de un tigre. Ayer me dijo que sus dos riñones juntos funcionaban al treinta por ciento, y todo esto de una manera nada derrotista, sin asomo de estar manteniendo el tipo, sencillamente lo aceptaba, lo interiorizaba y consecuentemente había decidido cuidarse para no tener que llegar al trasplante, o, como mínimo, intentar retrasarlo al máximo. Este pequeño escrito quiere ser mi homenaje hacia ti, porque tú encarnas esa creencia tan arraigada en mí de que somos caminantes en un largo camino llamado vida. Me siento muy orgulloso de compartir el camino contigo. Sin tú saberlo, me sacaste ayer de mi ensimismamiento, lograste que levantara la cabeza y mirara al horizonte. Me hiciste ver que los pensamientos metafísicos no son lo único importante, que hay mucho más en el camino que te puedes perder si sólo miras hacia dentro. Eres, con tus grandezas y tus limitaciones alguien a quien respeto y quiero en la distancia. Tus riñones pueden ser pequeños y funcionar al treinta por ciento pero tu corazón es tan grande que compensa el setenta por ciento restante. Me siento muy orgulloso de ti y quiero que todo el mundo sepa que existes, y que tu forma de ver la vida, sin saberlo tú, es un faro, un punto de apoyo que ayuda a no zozobrar en el mar de los tumultos. Lo que te hace más encantador es que ni siquiera eres consciente, pero, camarada, es eso lo que me inspiras. Querido “ganxet”, como diría Lluis Llach “Si véns amb mi, no demanis un camí planer, ni estels d'argent, ni un demà ple de promeses, sols un poc de sort, i que la vida ens doni un camí ben llarg”. Sí, eso deseo para ti, un camino bien largo y por muchos años. Quiero que sepas, aun a riesgo de parecer maximalista, que admiro tu secreta y humilde sabiduria vital, y que tienes un pedacito de mi corazón...
UN TREN CON DESTINO A BOLLYWOODEl otro día calló en mis manos una película India “made in Bollywood”. La trama era la típica del género: amores desgarrados y posesivos, chica ama a chico malo, mientras el que verdaderamente la podría amar permanece oculto a su ciega y limitada mirada. Toda la trama gira alrededor de ese sentimiento masoquista de entrega sumisa a un macho alfa que ignora y patea la dignidad de la desdichada aspirante a princesa. Quizás por aquello de que la vida pone ante tus ojos dobles y triples raciones de aquello que evitas pero es necesario entender, últimamente me he encontrado bastantes casos de personas deprimidas o absorbidas por personas a las que les han concedido un papel de profesor vital cuando ni siquiera tienen madera para ser alumnos párvulos. Para mí lo más desgarrador es el hecho de que todos afirmen que eso es amor y que si no lo sientes así es que realmente jamás ha existido. Todos coinciden en decir que en todo caso se tratará de otra cosa pero no amor. Quizás lo que más me hace sentir impotente no es ya mi discrepancia, sino mi incapacidad para ponerme en su lugar, eso sí me preocupa. Sin embargo, y lo digo en mi propia descarga, he de decir que siempre pensé que sólo se puede entender el AMOR en justa correspondencia y que quien realmente te quiere lo hace en conjunto y que al igual que en el universo no existe el concepto de arriba y abajo, de la misma manera en el amor no existe lo bueno y lo malo, sencillamente lo somos todo y mucho más, para bien y para mal. En pocas palabras, existe aceptación (que no rendición). La pregunta que más me hago es ¿por qué la ignorante y avasallante ignorancia del macho alfa tira más que el silencio y la sabiduría del amante fiel que permanece oculto? ¿Por qué lo voluble puede más que lo estable? Volviendo a la película, hay una escena en la que un grupo numeroso entre los que se encuentran la candidata a princesa, el macho alfa y el amante secreto y fiel, se encuentran en el techo de un vagón de tren. Cómo no, suena la música y todos comienzan a danzar alrededor de los protagonistas. La escena es poco aclaradora pero me sentí rápidamente identificado. Por mucho que me niegue también estoy en ese techo, y cuando la música suena, su ritmo me activa obligándome también a participar. ¿Significa eso que yo lo acepte, que esté de acuerdo? No. Puedo discrepar y sentirme completamente ajeno pero la propia inercia de la realidad hace que participe del espectáculo, quizás porque ahí está, quizás porque así es la vida, como ese tren con destino a bollywood en el que existen machos alfa, candidatas a princesa ciegas y amantes fieles que sufren en silencio su idealismo, tal y como otros sufren sus hemorroides. La diferencia estriba en la visibilidad. Mientras los dos primeros hacen ruido y son fácilmente identificables, los amantes fieles han de ser identificados, requieren de un trabajo arduo de descubrimiento, y en un mundo tan rápido como el nuestro, no nos han educado en el valor de la paciencia y el esfuerzo, y buscamos sensaciones duraderas a bajo coste. No viene al caso decir con cual de las tres figuras me identifico, quizás incluso puedan existir otras tantas tonalidades entre esos tres colores, pero si hay algo que tenga claro es que a pesar de todo estoy en ese tren con destino a bollywood, con todas las consecuencias, aunque sigo empeñado en buscar los secretos insondables de esos amantes anónimos. Supongo que a estas alturas os preguntaréis qué fue de la princesa despechada y del amante alfa, pero eso pertenecería a otra historia y merece ser contada en otra ocasión…
EXPECTATIVAS, OCEANOS DE TIEMPO...Aquello que no será y que un día creímos que sería posible supone apenas una gota de agua en este océano de tiempo que son nuestros sentimientos. Pero cada gota contiene en su interior la voluntad de ser un océano en sí misma, y por tanto ese instante que parece perdido fue en su momento el centro de nuestro universo. Quizás cada gota que compone nuestro océano emocional no sea más que uno de esos momentos repletos de expectativas que se van perdiendo a cada instante. Quizás nos alimentemos de esos deseos que resultaron ser irrealizables, quizás sean éstos los que nos impulsan a buscar, y a no cejar… Somos seres emocionales, y es el amor el que mueve biológicamente el mundo, el que nos hace seguir, el que nos ha llevado como especie hasta este preciso instante, en el que a pesar de todo, sentimos como nunca que somos pequeños y frágiles. La evolución no sólo depende de la competitividad, también de la emoción, pues es esta la que al final nos motiva a querer seguir existiendo como individuos. Navegamos en mitad de un océano tumultuoso propulsados por el viento de nuestros deseos más inconfesables. El viaje en solitario nos lleva a multitud de islas felices en las que recalamos en busca de compañía que mitigue por un momento la soledad del viaje. Lo que nos mueve a buscar dicha compañía son nuestras expectativas y no la razón. ¿Son nuestras expectativas como el canto de las sirenas que moran en esas islas, y que nos atrapan en un mundo irrealmente maravilloso? ¿Al final resultan ser irreales porque despertamos antes de hora, o, porque nos empeñamos en seguir soñando sin voluntad de vivir la realidad? Al final poco importa cual sea la respuesta pues las expectativas son proyectos de sueños, y los sueños, sueños son…
Dedicado a todo aquel que alguna vez puso expectativas en mí. Éstas no fallaron, vuestra intuición no falló, ni siquiera yo fallé. Tan sólo compartimos un momento en una de tantas islas felices que emergen de ese océano de tiempo que es la vida. Pensad que nos enriquecimos y aprendimos y que el verdadero aprendizaje se gesta en esos instantes que parecen olvidados pero que nos marcaron y nos han hecho ser lo que somos. |
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