Ian's profileNABOURIAN EL ARGONAUTAPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
AQUELLOS AÑOS...
¿Podéis recordar aquellos años en que teniendo un simple cómic lo teníais todo? ¿Los tiempos en que casi nada lo era todo y aun era posible construir castillos en el aire? ¿Dónde se fueron las ganas de escaparse, de escurrirse por la madriguera de Alicia? ¿Qué fue del conejo que nos tentaba a convertir en un siglo aquellas tardes de verano? No hacía falta gran cosa ni decir grandes frases y en cambio hacíamos malabares con las palabras entrecortadas que salían de un limitado vocabulario. Entonces, cuando llorábamos lo hacíamos a solas y en silencio por cosas que merecían la pena, y nuestras lágrimas eran poesía, y de ese imposible que las ocasionaba hacíamos una bandera pirata con la que coronar nuestra rebeldía. También existía el pequeño estúpido que creía saberlo todo (curiosamente sigue siendo el mismo estúpido hinchado por la edad), el toca pelotas de turno que decía que eras peor por no ser “guay”, por no ser “normal”, por no querer hacer las mismas idioteces que su padre (seguramente idiota como él) le había inculcado. Pero querido imbécil, no habrás siquiera llegado a la segunda línea, así que no tendré que preocuparme por lo que pienses. Seguramente habrás pensado que era un cretino nada más llegar a la tercera palabra. Espero seguir siendo un cretino hasta el fin de mis días. Te confieso, querido imbécil, que siempre nos reímos de ti en silencio. Entonces todo era más difícil que fácil, el mundo era muy, muy grande, y nosotros, nosotros tan pequeños… Pero en nuestra pequeñez todo era posible, todo estaba por construir. Nos atrevíamos a medir lo inmedible, porque los que ponen los límites aun no podían acceder a nosotros, aunque intentaran llegar a nuestras mentes a través de los mediocres profesores, fieles sirvientes de verdades de saldo. Pero sucedió que llegó la pubertad y con ella la tontería profunda, el inicio del coma profundo en que ahora estamos sumidos. El sexo por el sexo como anestesia, el culto al cuerpo y a la inteligencia bacía y burda. Ahora que la madriguera de Alicia parece enterrada bajo toneladas de escombros y que el conejo ya no puede salir para charlar con nosotros en nuestras noches interminables, ¿qué será de nosotros? Ahora que tenemos un buen trabajo y dinero para gastar y montamos castillos de naipes en el aire, ahora que parecemos tenerlo todo, ¿Por qué día tras día, cuando nos permitimos quedarnos solos con nosotros mismos, nos parece que nada de eso nos llena? He de confesar que hecho muchísimo de menos eso que ahora creemos que era nada, encuentro a faltar a ese conejo y su caos, el vértigo que sentía al mirar hacia el futuro. Hecho de menos esa sensación de ser un extraño entre la multitud e incluso hecho de menos al imbécil toca pelotas del que me solía esconder pero que sin él saberlo me hizo más fuerte y humano. Pero este no es un escrito lastimoso, ni una oda a la niñez perdida. El que puede leer y trasladarse al pasado no hace más que retirar las toneladas de escombros y reabrir la madriguera, por la que de nuevo aparece sonriente nuestro viejo amigo el conejo. Con él no salen sólo recuerdos sino una fuerza renovada que nos otorga el poder de aquel pequeño pirata inconformista que siempre nos acompañará durante nuestro infinito viaje a través del mar de los tumultos. BUSCANDO LA LUZ DE NUESTROS SUEÑOS...Una de esas largas tarde de principio de verano en las que el tiempo se desvanece, tumbados al Sol, sin nada mejor que hacer que observar todo cuanto nos rodea. La cálida brisa marina acaricia dulcemente nuestros cuerpos, mientras las nubes cubren tímidamente el cielo y nuestros ojos se abren de par en par como si fueran ventanas que se abren a la vida, como intentando atrapar la perfección del momento, buscando alcanzar la luz de nuestros sueños. Nuestros cuerpos pueden desvanecerse y sin cultura científica alguna podemos entender a la perfección la relatividad del tiempo. No existen palabras que puedan explicar lo vívido del instante. No existe reloj alguno que pueda medir la precisión de esa vacuidad. Nuestra cabeza medio sumergida en un basto líquido amniótico, escuchando la voz de los océanos, el rumor de los tiempos que parecen converger en ese centro del universo que ocupamos. Estamos a merced del oleaje que nos mece, llevándonos hacia una deriva controlada. El espíritu de todos los seres aéreos, terrestres y marinos moran en el más ínfimo de nuestros pensamientos. Todas las sensaciones reales fluyen hacia nosotros, mientras todas las sensaciones irreales, todos los falsos problemas que hemos ido creando en nuestras ajetreadas e irreales vidas huyen a través de las yemas de nuestros pies y nuestras manos. Nada que hacer más que dejarnos llevar por el instante, dejarnos mecer por las olas y sumergirnos en un mundo onírico del que somos exclusivos protagonistas. Una sonrisa sincera se abre paso desde nuestro corazón, y aun permaneciendo con los ojos entornados, podemos divisar el vuelo libre de las gaviotas. Aquí estamos, en medio de la nada y del todo, quizás una mancha de color en mitad del gran azul. Que pequeños y que grandes nos sentimos, y cuanta, cuanta paz, lejos de lo que creíamos una vida real. Momento sencillo, momento perfecto, nuestro instante de conciencia absoluta en el que nuestro verdadero yo fluye dándonos la bienvenida a un mundo sin castigos, sin dioses que nos juzgan. Sólo nosotros, sumergidos en ese líquido amniótico, en el seno de la madre que a todos nos contiene.
LA VERDADERA MADRE DE TODAS LAS BATALLASGuerra sinfónica en el campo de Marte. Tras un silencio sepulcral estalla la batalla en mitad de la sala. No hay armas sino instrumentos musicales, y en lugar de balas, notas inconexas que una vez se unen en el aire conspiran en forma de melodía para cautivar nuestros sentidos. El general arenga a su ejército y en un solo segundo comienza el combate entre las voces y los instrumentos. Tras las líneas se hace el silencio, y con un golpe de efecto, como procedentes de la nada, los ejércitos sinfónicos se abalanzan sobre nosotros. Ráfagas musicales llenas de vida impactan en nuestros corazones. Nos quedamos paralizados, ni siquiera intentamos huir. Somos cautivos de cantos de sirena que nos sumergen en mundos oníricos. Nuestra suerte está decidida de antemano. Caeremos rendidos irremisiblemente ante el hipnótico poder de la música. Quizás sea esta la única batalla a la que acudimos voluntariamente, sin temor alguno. El poder de esas ráfagas inconexas llenas de vida que salen directas de los instrumentos a nuestros corazones, nos convencen de que la música es la verdadera madre de todas las batallas.
![]() A PESAR DE TODO...Porque a pesar de todo estamos los que estamos, porque a pesar de todo alguien ha de quedarse. ¿Por qué? Sencillamente porque alguien ha de hacerlo, y yo elijo ser uno de ellos, a pesar de los pesares, le pese a quien le pese, aunque me cueste, aunque nos cueste la vida. Aunque han pasado veinticinco años, aquí estoy, y aunque soy incapaz de saber cuanto tiempo más podré seguir batallando, sigo siendo ese explorador de caminos que día tras día abre nuevas sendas. No soy héroe ni villano, y aunque poco parezco, mucho tengo dentro de mí luchando por salir, por expresarse con esa naturalidad animal que tanto alaban pero que tanto castigan. No tengo mucho a dar, pero lo que tengo es tuyo, y lo que de ti me interesa, lo que me puedes dar, ya me lo estás dando en este preciso instante en que me lees. Atención, reflexión, empatía es tu mejor regalo, y yo lo tomo ávido de tu mundo, que en el fondo es mi mismo mundo. Mis escritos son atemporales. En el momento en que me lees estoy contigo, porque lo que aquí expreso es lo que pienso, y los pensamientos no tienen principio ni fin. Quizás lo escribí ayer, o hace un mes, o un año antes de que estas letras pasaran de tus ojos a tu mente y de ésta a tu corazón. Poco importa el tiempo cuando se siente. Todo cuanto tenemos es el presente, ¿y qué es el presente sino un pasado constante que intenta atrapar el futuro? El aquí y el ahora es cuanto tenemos y el pasado no es más que una sístole que nos impulsa a vivir el momento. El futuro, en cambio, no es más que esa baga promesa con la que nos engañaron para que no nos conformáramos con ese miserable pedazo de nada que a ellos se les antojaba todo. Y esa promesa nos ha llevado al borde de un abismo que nunca elegimos y del que están empeñados que no salgamos. Quizás hayan pasado muchos años, y aunque la fuerza no sea la de antaño, aunque nuestro día a día haya mellado algo nuestra ilusión, seguimos siendo, seguimos estando y nuestra curiosidad no mengua sino que crece día tras día. Sí camarada, aquí estoy, aquí estás tú a pesar de todo, y créeme, esto es mucho, lo es todo… ¿Y qué pasará mañana cuando las promesas de cataclismos irreversibles lleguen? Pues que seguiremos estando por mucho que les haya pesado, por muchas piedras que nos hayan arrojado en el camino. Los que quedemos retiraremos los escombros, y aunque se trate de un titánico trabajo, no cejaremos hasta dejar limpio el camino. No lo dudéis, somos capaces de eso y de más porque hemos resistido a la desidia que todo lo devora. Y juntos miraremos el horizonte, con un nuevo Sol iluminando nuestras caras, y una voz interior nos dirá, como nos ha ido diciendo cada día de nuestra vida: “Aquí estás, aquí estamos a pesar de todo…”
|
|
|