Ian's profileNABOURIAN EL ARGONAUTAPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
"EL NUDO GORDIANO"El oráculo profetizó que sólo aquel que fuera capaz de desatar el nudo gordiano lograría conquistar Asia. La idea de unir el pragmatismo y la espiritualidad, de demostrar que es posible conjugar ambas partes, inherentes a nuestro ser, es algo más que una leyenda. El nudo simboliza la idea de unir a todas las cosas transformándolas en una sola. Nada puede imponerse, y sólo la unión cooperativa y no el enfrentamiento nos llevarán a buen puerto. ¿Así pues, por qué empeñarnos, como Alejandro, en "deshacer" el nudo? Él cometió el error, por otra parte tan humano, de creer que lograría dominar el mundo, ¿pero quién puede dominar un mundo loco cuando ni siquiera es capaz de contener su propia locura? Gordión fue de la primeras ciudades en la que los ejércitos macedonios irrumpieron tras cruzar el Heles pontos. Seguramente, Alexandros pensó que allá le esperaba el destino, y que era éste el que le permitiría conseguir su fin último: la conquista del mundo conocido. ¿Pero fue el destino quién lo puso tras los pasos de su sueño, o fue su sueño quién le hizo forzar ese destino? Jamás logró deshacer el nudo, sino que lo cortó con su espada. ¿Acaso no es eso modelar el destino según la propia conveniencia, ponerlo a tu servicio a través de la astucia? De hecho tiene poca importancia pues manipular el destino parece ser el destino inherente al ser humano. Desde entonces hasta ahora, centenares de héroes y anti héroes se han visto ante otros nudos que deshacer con el fin de llegar hasta su destino. Excalibours, santos griales, lanzas sagradas, han constituido la excusa perfecta para detentar el poder y sus prevendas. Pero todos esos héroes pasaron por los caminos polvorientos sin apenas dejar huellas. Si acaso las historias épicas engrandecidas por los historiadores y trovadores fueron las únicas que enaltecieron sus obras. Hay quien sostiene que el conjunto de sus actos nos ha legado el mundo actual, pero yo discrepo en lo esencial y me pregunto si el mundo no hubiera sido igual o incluso mejor sin sus destinos. Cierta vez anduve tras los pasos de Alejandro por Persia. Al llegar a Pasargade, al igual que él hiciera, estuve meditando ante la tumba de Dario I. Intenté imaginarme que debió pensar y si allí se encomendó de nuevo a los dioses antes de seguir con su conquista. Hoy me ha vuelto a venir a la cabeza, y he pensado que si ese viaje lo hubiera hecho hace un mes, hubiera pensado sobre ese nuevo nudo de nuestros tiempos que ha sido “las armas de destrucción masiva” y que ha empujado a otro ser iluminado a erigirse como nuevo dios viviente de occidente y general en la retaguardia de los nuevos ejércitos invasores de oriente. Al fin y al cabo Alejandro fue un hombre de su tiempo con las limitaciones de su tiempo, la superstición que los dejaba más a merced de los dioses que de la razón, pero, en estos tiempos tecnológicos en que la razón impera, ¿Qué justifica a estos nuevos tiranos que se confiesan admiradores y sucesores de Alejandro a apropiarse de nuestro futuro?
Quince años no son nada...Querido Pascal:
En esta noche de soledades llevaderas, encerrado tras las puertas de un hotel cualquiera de una pequeña ciudad ,me acuerdo de ti... Hoy hace quince años de tu muerte y he puesto tu melodía favorita: "la sinfonía para órgano de Saint Saens. Si, la misma que tanto te emocionaba, la que escuchabas una y otra vez sin cansarte en los últimos días que te restaban de vida. Tu vida transcurrió como ese cuarto movimiento que repetías y repetías: El órgano omnipresente de fondo mezclándose con el piano y los violines. Mucho contenido, mucha pasión en muy poco espacio. Así fue tu vida, intensa, sabia y corta... Tú me ayudaste sin jamás saberlo. Sólo escuchar tus palabras de aliento y sentir la pasión por la vida en el momento en que traicioneramente se te escapaba por entre los dedos, fue toda una lección para mi. Yo que era tan cobarde y negativo, aprendí a vivir durante el poquísimo tiempo que compartimos. Aprendí a dar importancia a las pequeñas cosas, a aquellas que suelen pasar desapercibidas al ojo humano. Nunca te pude dar las gracias, te fuiste demasiado pronto, ni siquiera pude despedirme, o, como te gustaba decir: entonar un, "hasta la vista, camarada". Moriste días después de haber cumplido los veintinueve. Yo aun tenía veintiuno y te veía como un maestro, como un amigo incondicional del que jamás me hubiera separado. Te hubiera seguido hasta Arabia y bajo la luna del desierto hubiera escuchado tus historias y tus largas charlas con los beduinos. Pero no ha podido ser, al menos en este mundo en el que yo prosigo a trompicones. Me pregunto si dónde tú estás ahora puedes realizar todos los sueños que dejaste inconclusos. Seria genial que tras morir pudiéramos continuar nuestra vida justo allá donde quedó encallada al morir. No ha pasado día sin que me pregunte si realmente te fuiste tan en paz. Cuando te dejé tu rostro sereno impedía vislumbrar cualquier dolor físico o moral. Me gustaría creer que así fue... En estos momentos está sonando el final del cuarto movimiento, justo lo que más te gustaba. El órgano ya está sonando de fondo, mientras la percusión va poniendo el punto final a la pieza, entre violines e instrumentos de viento. Valga como mi homenaje hacia ti, justo quince años después desde que nos vimos por última vez. Déjame decirte por último, que cada vez escuche la sinfonía para órgano me acordaré de ti, será como si volvieras a mi lado, y recostado sobre el sofá volvieras a remarcarme las partes que más te gustan. Y cada vez que llegue al último movimiento se congelará el tiempo y quedaremos los dos suspendidos en esos segundos en los que al compás de la música seremos eternos camaradas. Querido Pascal, buenas noches estés donde estés, y recuerda que algún día nos volveremos a reunir, y entonces sí podré escuchar tus viejas historias bajo la luna de ese otro mundo. Quien no te olvida....
LOCO POR EL CHICO....Después de un invierno seco, la lluvia primaveral trajo consigo vientos de cambio a la anodina vida de Ed. Mientras observaba como las gotas empañaban los cristales de su ventan,a formando pequeñas caras de agua que parecían sonreírle, le vino a la memoria la sonrisa de Marc la primera vez que los presentaron. Pero aquellos tiempos parecían lejanos. Fueron buenos tiempos, fue de hecho su tiempo, el único en qué recordaba haber vivido despreocupadamente sin sentir temor alguno. Marc era el mejor amigo de su compañera de piso, y cuando un buen día se presentó sin previo aviso en su casa, cuando Verónica pronunció el inevitable “te presento a”, todos los “pero”, los “y si”, y todos los prejuicios de Ed, desaparecieron dejándolo indefenso. A medida que la conversación iba avanzando y la botella de vino bajaba, sus miradas al principio tímidas se fueron transformando de la curiosidad a la admiración por las palabras del otro, y de ahí al deseo por descubrir lo que a ellos se les antojaba un tesoro enterrado que debían sacar a la superficie. La primavera dio paso al verano repleto de largas tardes en las que ambos dieron rienda suelta a sus fantasías. Los límites parecían haber desaparecido y la palabra imposible borrada del diccionario. El ansia por descubrir cada centímetro de sus mentes y de sus cuerpos no parecía tener fin. Pero todo verano ha de dar el testigo al otoño, y con él llegó el “pero”. Marc debía de volver a su ciudad. Ambos sabían que eso pasaría pero eso no hizo menos difícil el “hasta luego”. Se prometieron estar en contacto tanto como fuera posible. No importaban los mil quinientos quilómetros que los separaban si sus corazones estaban tan próximos. . Durante los tres primeros meses que siguieron a su despedida, no pasaba día sin que se telefonearan al menos una vez. En Diciembre estuvieron a punto de volver a verse, pero la repentina hospitalización de la madre de Marc lo impidió. En Marzo, Ed tenía previsto hacer un master en Chicago, y siguiendo el guión marcado por la razón, marchó, cuando su corazón le decía: “ve a por él”. Durante ese tiempo, las llamadas se fueron espaciando, y si bien seguían pensando el uno en el otro, poco a poco un sentimiento práctico se fue apoderando de ellos. Durante ese tiempo, ambos conocieron a otras personas y fueron olvidando las promesas y sueños. Al principio todo era fácil, pero siempre les faltaba esa sensación que sólo experimentaban el uno con el otro, pero había que ser realista… El tiempo fue pasando y las llamadas se fueron espaciando más y más hasta que al final perdieron el contacto. ¿cómo podía haberles pasado algo así? Se conformaron con una realidad asequible que los hacía infelices, pero eso es lo que se esperaba de ellos. Ed sabía que el tiempo les había arrebatado toda esperanza y que los sueños sólo eran eso, imágenes de lo que podía haber sido y nunca fue. Atrás quedaban las largas tardes de verano, los paseos con bicicleta con sus meriendas campestres en las que los problemas huían, consiguiendo moldear la realidad a su gusto. Fue pasando el tiempo entre relaciones más o menos esporádicas que siempre perdían ante la fatídica comparación. Habían pasado diez años, pero ambos seguían teniéndose presentes. Un sonido lejano sacó a Ed de su ensimismamiento. Al principio no pudo identificar de qué se trataba, hasta que calló en la cuenta de que había dejado el inalámbrico en la cocina. Entró con un sentimiento de hastío por haber sido despertado tan repentinamente de su ensoñación. Al otro lado de la línea una voz familiar lo hizo ponerse en guardia. Reconocería la voz de Marc entre un millón, pero no podía ser él. - ¿Marc? -Pronunció Ed sintiéndose estúpido y vulnerable. –Si, Ed, soy Marc. He conseguido tu teléfono a través de Verónica. La encontré casualmente en una cafetería… He venido a hacer unas conferencias en Barcelona. Hace mucho tiempo que pienso que hemos de romper este silencio que arrastramos desde hace años, y, ¿qué mejor ocasión que esta? –Marc parecía tan seguro y espontáneo como la primera vez que Ed lo vió, lo cual lo dejaba sin palabras. Tantos años sin saber de él, sin atreverse a ir en su búsqueda y ahora lo tenía en la misma ciudad. ¿Qué podía hacer? Sin dejar contestar a Ed, Marc siguió hablando. –Ed, nunca te he olvidado y aunque ahora tenemos diez años más nada ni nadie ha conseguido eclipsarte… -El corazón y la mente de Ed se habían convertido en un solo miembro que se había disparado. Por un momento pudo tranquilizarse y reaccionar. –Marc… Yo tampoco te he podido olvidar jamás, y no será porque no lo he intentado. Quizás tengamos diez años más y vidas y caminos diferentes pero siempre te he llevado conmigo. Creo que tenemos muchas cosas que decirnos. ¿Cenamos? –Tras quedar en un restaurante cercano que ambos conocían y despedirse con un sencillo “hasta ahora”, Ed colgó y se volvió a quedar pensativo, viendo como las gotas de lluvia repiqueteaban contra los cristales de la cocina. Todo parecía demasiado casual y precipitado. Los años habían pasado, ¿qué podía salir de todo aquello? Quizás todo, quizás nada, pero, ¿qué podía hacer? A pesar de los años y la distancia seguía estando loco por el chico.
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