Ian's profileNABOURIAN EL ARGONAUTAPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
ESTONIA NO ES UN PAÍS...Hace apenas setenta y dos horas que viajaba en avión, volando desde mi destino vacacional de regreso a mi casa. ¿Por qué mi avión aterrizó sin problema alguno y en cambio otro avión se estrelló apenas levantar el vuelo? ¿Por qué no al revés? Somos fruto del caos. Estamos a merced de decisiones, no ya bien o mal tomadas, sino de las decisiones del momento. Lo que hoy decido no necesariamente tiene una repercusión en el mañana. En cambio hay algo dentro de mí, llámesele intuición si se quiere, que me dice que vivir la vida como un continuo presente, llegar a domar el tiempo y convertirlo en un aquí y ahora es lo único que te salva de la infelicidad. Atrapar el instante, acariciarlo, moldearlo para después dejarlo marchar es lo que me hace feliz. Aceptarme y darme un espacio para equivocarme, cogerme mi espacio para ser yo, ese lugar que no está ni cerca ni lejos, que está a medio camino entre el aislamiento y la sociabilidad. Algunos lo llaman equidistancia. En política suele ser síntoma de algo negativo, es como dar esperanzas a unos y a otros, pero manteniéndose en una falsa neutralidad. No sería esa la definición que intento dar. Se trataría más bien como estar cerca de mis propios pensamientos y cerca del pensamiento ajeno. Lo bastante cerca de ambos y lo suficientemente lejos para poder recuperar la objetividad. Cuando a mi alrededor el ruido de sables es ensordecedor, cuando no entiendo nada y mis pensamientos comienzan a confundirse con el sonido estridente de esos sables, me gusta hacer un viaje interior. Yo siempre suelo decir que me voy a Estonia. ¿Por qué Estonia y no Francia o Italia? Quizás porque siempre me ha parecido un país melancólico, imbuido por su música. De gente con una cultura muy propia, con un avatar histórico complicado, con un sentido de la introspección que les permite conservar su identidad pero a la vez con un gran interés por el mundo. También porque es un país que no está ni cerca ni lejos. Esta a una distancia lo suficientemente cercana como para poder volver en caso de necesidad, y lo suficientemente lejos para poderte alejar y mantenerte en el anonimato. Al fin y al cabo, ¿a quién se lo ocurriría buscarme por esos parajes? Pero volviendo a coger el hilo de los viajes y los aviones; llevo veinticuatro horas reflexivas sobre el caos. Hoy parece que todo va bien, tienes proyectos, unas vacaciones en mente, y de repente veinticuatro horas lo cambian todo. Mañana puedo no estar y eso refuerza mi pensamiento de lo importante de atrapar el presente y hacerlo nuestro. Es este el único espacio en donde podemos sobrevivir con la verdadera calidad de vida que sólo la sensación de sentirnos libres nos puede brindar. Y sólo en el presente podemos alcanzar la libertad. Este es mi momento, estoy en Estonia, viajando entre la reflexión interior y el mundo exterior. Ahora ya sabéis dónde encontrarme. Adoro Estonia y todo lo que me brinda. No es sólo un país, sobre todo es un estado de ánimo…
NO HABLES, SOLO BÉSAME...Estamos tumbados en la hierba, viendo pasar las nubes con sus caprichosas formas. Ahora aparece el Sol iluminando tu cara. Cierras los ojos y sonríes. Me hablas de pequeñas cosas que yo percibo como gigantes. Me gusta escucharte, pienso mientras tu voz se mezcla con el trino de los pájaros. Los últimos rayos de la tarde son los mejores, suavemente cálidos, dorados. Me siento acolchado por tu voz y por la brisa que me acaricia. Te acercas casualmente, me alejo por temor a estar cerca de ti. Los apenas diez centímetros que nos separan hacen que perciba el calor de tu cuerpo. Te apoyas sobre tu codo izquierdo y me miras con esos ojos negros tan profundos e incisivos. Son tu arma, lo sabes, los usas, incluso creo que disfrutas viéndome aguantar estoicamente tu mirada. Tus labios y la sonrisa que de ellos se escapa son igual que tu mirada: excitante, cálidos. ¿Cómo disimular que siento ganas de apoderarme de ellos? De repente esos diez centímetros que nos separaban han dejado de existir. Estamos piel contra piel, y yo no puedo más. Por un momento me hago dueño de la situación en este duelo de miradas y gestos. Me incorporo justo para colocar mis labios a un palmo de los tuyos, te miro directamente a los ojos y tú no rehúyes mi mirada. Te sonrío, me sonríes. Quieres seguir hablando, pero te lo impido apoyando mi dedo sobre tus labios. “No hables, sólo bésame”. |
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