Ian's profileNABOURIAN EL ARGONAUTAPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
"EL SASTRECILLO VALIENTE"Hay momentos en que la vida te sorprende, en que tu ensimismamiento es roto por situaciones que se antojan extrañas. Hay momentos en que el sencillo y natural acto de estar sentado esperando un autobús atrae hacia ti mensajes ocultos en forma de un fortuito acercamiento. Podía haber sido otro día, o, el mismo día pero a otra hora en la que dicha proximidad no implicara nada, pero fue en el momento exacto en que necesitaba ser rescatado de mis pensamientos abstractos y autosuficientes.
Debía ser la una menos diez del mediodía, y yo, como cada día, me senté a la sombra, esperando que el autobús pasara. Tenía puestos mis cascos y mis pensamientos habían tomado una dirección abstracta, cogiendo velocidades astronómicas. Mi único contacto con el mundo exterior eran mis ojos. En el banco de al lado me acompañaba un muchacho africano que no debía sobrepasar los veinte años. Había visto al sentarme que tenía un libro en las manos que iba leyendo con cierta dificultad, pero no atisbé de qué se trataba.
En mitad de uno de esos pensamientos veloces, algo frenó súbitamente mi viaje estelar. Miré hacia arriba y observé que el chico africano me preguntaba algo. Me quité los cascos y lo miré expectante. Me señalaba el libro y me preguntaba una palabra. Yo me quedé parado y durante unos segundos no pude entender cuál era su pregunta. Puse más atención y volví a pedirle que me formulara su duda. Me señalaba una frase del libro, y con cara de curiosidad, exclamó: “¿Que quiere decir gigante?” No pude más que sonreírle, y cuando logré salir de mi asombro observé el libro con idéntica curiosidad. Para mi sorpresa, descubrí que se trataba de uno de esos cuentos infantiles de veinte páginas, ilustrado a todo color con las escenas que la historia cuenta. Eran unas imágenes que me recordaron a los cuadros de Bruegel. La historia se titulaba “El Sastrecillo Valiente”. Su nivel de lengua era muy limitado, y con gestos le expliqué que un gigante era una persona muy grande. Se me ocurrió que quizás hablara francés, y le pregunté si me entendería si habláramos en dicha lengua. Una sonrisa le iluminó la cara y me contestó que sí. Se sentó a mi lado y me pasó el libro, exclamando: “montre moi”. Entonces tuve claro qué pretendía. ¡Quería que le enseñara a pronunciar las palabras! Cogí el cuento desde la primera página y comencé a desgranar la historia. Primero se la leía en francés y después, él, una vez desencriptadas las palabras, las repetía una y otra vez para aprender a pronunciarlas. Yo lo observaba entre maravillado y sin salir de mi asombro por la situación creada. Cada vez que le descubría el significado de las frases y palabras sonreía y reía como un niño que descubre un secreto inconfesable. Al final, cuando hubimos acabado el cuento, el muchacho puso cara de duda y me dijo: “es curioso, porque hablando francés, pensaba que el catalán era mucho más fácil de entender”. Yo me quedé completamente perplejo. Después de media hora con él, resultaba que lo que él creía estar aprendiendo era catalán. Reí sonoramente y le expliqué que le habían vendido un libro en castellano y que debía pedir explícitamente un cuento en catalán. Fue entonces cuando vi claro que acababa de llegar al país y que estaba dando sus primeros pasos. Sin embargo sus ganas de aprender eran enormes…
Realmente no sé por qué escribo esto. No esperéis ningún final aleccionador, ni una moraleja. No era yo en ese momento un profesor, o un integrador de la inmigración ni nada por el estilo… Tan sólo era alguien que compartía un momento con otra persona, que al igual que yo, esperaba el mismo autobús. Lo mejor de aquel instante frugal era eso, que tan sólo era un momento que pasaría y que vivía de una forma intensa. Su inocencia sí me impacto. Su impaciencia por aprender y obtener resultados, su esfuerzo por memorizar palabras que, por cierto, incluso tratándose de un cuento para niños, encontré bastante complicadas. En todo caso sí pude extraer una lección de todo lo acontecido: Cada vez que observo todo cuanto acontece a mi alrededor descubro que hay infinitos universos encerrados en las personas que nos acompañan, y aunque no las conozcamos, acercarme a ellos me abre un mundo con un sinfín de posibilidades. El simple hecho de leer con alguien de quien no llegué a saber ni su nombre me hace más humano.
(AUNQUE PAREZCA MENTIRA ESTA ES LA CANCIÓN QUE ESCUCHABA CUANDO ME VI INMERSO EN ESTA HISTORIA) "mad about the boy"Después de un invierno seco, la lluvia primaveral trajo consigo vientos de cambio a la anodina vida de Ed. Mientras observaba como las gotas empañaban los cristales de su ventana formando pequeñas caras de agua que parecían sonreírle, le vino a la memoria la sonrisa de Marc la primera vez que los presentaron. Pero aquellos tiempos parecían lejanos. Fueron buenos tiempos, fue de hecho su tiempo, el único en qué recordaba haber vivido despreocupadamente sin sentir temor alguno. Marc era el mejor amigo de su compañera de piso, y cuando un buen día se presentó sin previo aviso en su casa, cuando Verónica pronunció el inevitable “te presento a”, todos los “pero”, los “y si”, y todos los prejuicios de Ed, desaparecieron dejándolo indefenso. A medida que la conversación iba avanzando y la botella de vino bajaba, sus miradas al principio tímidas se fueron transformando de la curiosidad a la admiración por las palabras del otro, y de ahí al deseo por descubrir lo que a ellos se les antojaba un tesoro enterrado que debían sacar a la superficie.
La primavera dio paso al verano repleto de largas tardes en las que ambos dieron rienda suelta a sus fantasías. Los límites parecían haber desaparecido y la palabra imposible borrada del diccionario. El ansia por descubrir cada centímetro de sus mentes y de sus cuerpos no parecía tener fin. Pero todo verano ha de dar el testigo al otoño, y con él llegó el “pero”. Marc debía de volver a su ciudad. Ambos sabían que eso pasaría pero eso no hizo menos difícil el “hasta luego”. Se prometieron estar en contacto tanto como fuera posible. No importaban los mil quinientos quilómetros que los separaban si sus corazones estaban tan próximos. . Durante los tres primeros meses que siguieron a su despedida, no pasaba día sin que se telefonearan al menos una vez. En Diciembre estuvieron a punto de volver a verse, pero la repentina hospitalización de la madre de Marc lo impidió. En Marzo, Ed tenía previsto hacer un master en Chicago, y siguiendo el guión marcado por la razón, marchó, cuando su corazón le decía: “ve a por él”. Durante ese tiempo, las llamadas se fueron espaciando, y si bien seguían pensando el uno en el otro, poco a poco un sentimiento práctico se fue apoderando de ellos. Durante ese tiempo, ambos conocieron a otras personas y fueron olvidando las promesas y sueños.
Al principio todo era fácil, pero siempre les faltaba esa sensación que sólo experimentaban el uno con el otro, pero había que ser realista… El tiempo fue pasando y las llamadas se fueron espaciando más y más hasta que al final perdieron el contacto. ¿cómo podía haberles pasado algo así? Se conformaron con una realidad asequible que los hacía infelices, pero eso es lo que se esperaba de ellos.
Ed sabía que el tiempo les había arrebatado toda esperanza y que los sueños sólo eran eso, imágenes de lo que podía haber sido y nunca fue. Atrás quedaban las largas tardes de verano, los paseos con bicicleta con sus meriendas campestres en las que los problemas huían, consiguiendo moldear la realidad a su gusto.
Fue pasando el tiempo entre relaciones más o menos esporádicas que siempre perdían ante la fatídica comparación. Habían pasado diez años, pero ambos seguían teniéndose presentes.
Un sonido lejano sacó a Ed de su ensimismamiento. Al principio no pudo identificar de qué se trataba, hasta que calló en la cuenta de que había dejado el inalámbrico en la cocina. Entró con un sentimiento de hastío por haber sido despertado tan repentinamente de su ensoñación. Al otro lado de la línea una voz familiar lo hizo ponerse en guardia. Reconocería la voz de Marc entre un millón, pero no podía ser él. - ¿Marc? -Pronunció Ed sintiéndose estúpido y vulnerable. –Si, Ed, soy Marc. He conseguido tu teléfono a través de Verónica. La encontré casualmente en una cafetería… He venido a hacer unas conferencias en Barcelona. Hace mucho tiempo que pienso que hemos de romper este silencio que arrastramos desde hace años, y, ¿qué mejor ocasión que esta? –Marc parecía tan seguro y espontáneo como la primera vez que Ed lo vió, lo cual lo dejaba sin palabras. Tantos años sin saber de él, sin atreverse a ir en su búsqueda y ahora lo tenía en la misma ciudad. ¿Qué podía hacer? Sin dejar contestar a Ed, Marc siguió hablando. –Ed, nunca te he olvidado y aunque ahora tenemos diez años más nada ni nadie ha conseguido eclipsarte… -El corazón y la mente de Ed se habían convertido en un solo miembro que se había disparado. Por un momento pudo tranquilizarse y reaccionar. –Marc… Yo tampoco te he podido olvidar jamás, y no será porque no lo he intentado. Quizás tengamos diez años más y vidas y caminos diferentes pero siempre te he llevado conmigo. Creo que tenemos muchas cosas que decirnos. ¿Cenamos? –Tras quedar en un restaurante cercano que ambos conocían y despedirse con un sencillo “hasta ahora”, Ed colgó y se volvió a quedar pensativo, viendo como las gotas de lluvia repiqueteaban contra los cristales de la cocina. Todo parecía demasiado casual y precipitado. Los años habían pasado, ¿qué podía salir de todo aquello? Quizás todo, quizás nada, pero, ¿qué podía hacer? A pesar de los años y la distancia seguía estando loco por el chico.
GraciasGracias…
Gracias a aquellos que me miraron y me vieron.
Gracias a mi bicicleta que me lleva allá donde yo le pido que me lleve.
Gracias soledad porque permites que te perciba como una aliada y no como enemiga.
Gracias a ti que frenaste tu coche a tiempo antes de abalanzarte sobre mi.
Gracias a ti por entender que veinte años son muchos y por haber vivido conmigo un amor eterno de dos días.
Gracias a ti, minoría absoluta que sientes como tuyo uno de mis escritos. En realidad todo lo escribo para ti y sólo para ti.
Gracias a ti, que sin jamás sospecharlo has sido alguien importante en tu breve paso por mi vida. A veces lo menos sospechado, lo más frágil puede marcarte de una forma sencilla pero imborrable.
Gracias por todas estas tardes de sábado que se alargan y te abrazan envolviéndote en una sensación atemporal.
Gracias decepción, porque lejos de hacerme tirar la toalla me haces más persistente y consigues que mis pasos sean más seguros.
Gracias a todos cuantos compartieron un pedazo de corazón, por unos años, por unos meses o por sólo un día. Todos estáis en mí.
Gracias duda, porque tú eres la responsable de que jamás dé por finalizado mi camino y siempre haces que me haga preguntas.
Gracias camino por no indicarme jamás un destino final. A pesar de no encontrar indicaciones siempre encuentro la dirección correcta.
Gracias a todo cuanto aquí recuerdo, a todo lo vivido y a todo cuanto aun está por venir.
GRACIAS…
Un amor eterno de una tardeEstamos tumbados en la hierba, viendo pasar las nubes con sus caprichosas formas. Ahora aparece el Sol iluminando tu cara. Cierras los ojos y sonríes. Me hablas de pequeñas cosas que yo percibo como gigantes. Me gusta escucharte, pienso mientras tu voz se mezcla con el trino de los pájaros. Los últimos rayos de la tarde son los mejores, suavemente cálidos, dorados. Me siento acolchado por tu voz y por la brisa que me acaricia. Te acercas casualmente, me alejo por temor a estar cerca de ti. Los apenas diez centímetros que nos separan hacen que perciba el calor de tu cuerpo. Te apoyas sobre tu codo izquierdo y me miras con esos ojos negros tan profundos e incisivos. Son tu arma, lo sabes, los usas, incluso creo que disfrutas viéndome aguantar estoicamente tu mirada. Tus labios y la sonrisa que de ellos se escapa son igual que tu mirada: excitantes, cálidos. ¿Cómo disimular que siento ganas de apoderarme de ellos? De repente esos diez centímetros que nos separaban han dejado de existir. Estamos piel contra piel, y yo no puedo más. Por un momento me hago dueño de la situación en este duelo de miradas y gestos. Me incorporo justo para colocar mis labios a un palmo de los tuyos, te miro directamente a los ojos y tú no rehúyes mi mirada. Te sonrío, me sonríes. Quieres seguir hablando, pero te lo impido apoyando mi dedo sobre tus labios. El mundo se desvanece. Sólo tú y yo, nuestra respiración es lo único que se atreve a romper el silencio. Percibo el calor de tus labios, siento los últimos rastros de tu colonia que la brisa atrae hacia mí. Todo es demasiado poderoso como para resistirme. Vuelvo en mí procedente de ese casi eterno viaje de sensaciones que ha durado dos segundos. Sin apartar mi mirada de tus poderosos ojos negros, me dejo arrastrar, me apodero de tus labios y me pierdo en ellos. Ya no hay palabras, sólo el lenguaje de las caricias, el Sol se pone, pero nuestros cuerpos son ahora como dos soles incandescentes. Ésta es nuestra tarde soñada, nuestro septiembre que dice adiós al verano. Las garzas se reúnen en la marisma para prepararse en su largo camino que las llevará a tierras más cálidas. Habrán muchas más tardes, pero no me puedo imaginar otra más perfecta que ésta. Porque estás tú, porque estoy yo, porque no parece existir nadie más en el mundo que nosotros y nuestro amor eterno de una tarde.
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